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Fawn Hall

El Watergate de Ronald Reagan ya tiene a su heroína

Francisco G. Basterra

Fawn Hall, secretaria de Oliver North en el Consejo de Seguridad Nacional, ha saltado a la fama tras revelarse que, en un último acto de disciplina laboral, ayudó a su jefe a destruir papeles comprometedores del Irangate y alteró cuatro documentos, borrando nombres, para proteger a personas de la Casa Blanca. Esta secretaria de 27 años, con una belleza del tipo de la guapa rubia norteamericana que gana los concursos de misses, compensará un escándalo hasta ahora protagonizado por ancianos con cáncer, atormentados suicidas y un grupo de audaces fontaneros del cuerpo de marines.

La lealtad de Hall hacia North ha quedado cortada en seco cuando el fiscal especial del escándalo, el juez Lawrence Walsh, le ofreció a Hall inmunidad para que lo contara todo. Su explosivo testimonio ante los comités especiales del Congreso, y bajo los focos de la televisión ha mantenido en vilo a todo el país.Una secretaria de Nixon, Rose Mary Woods, también atrajo la atención en el Watergate por su participación en el encubrimiento borrando partes de las cintas magnetofónicas. "Lo que nos faltaba ahora es el ángulo sexual de la historia", comentó un portavoz de la Casa Blanca. La idea de que una mujer tremendamente atractiva, que ocupaba un puesto puramente burocrático (categoría GS-9 y 25.000 dólares de sueldo al año), sea capaz de tirar de la manta y arrastrar la presidencia de Ronald Reagan está cargada de un morbo especial.

"Me siento un poco abrumada por todo esto, pero, como dijo Andy Warhol, todo el mundo es famoso durante 15 minutos en su vida", ha sido la primera declaración de Fawn a la Prensa, en una memorable aparición organizada por su abogado que más parecía la presentación de una nueva estrella de cine. Fawn Hall pasaba modelos en sus ratos libres.

Su madre, Wilma, fue secretaria de Robert McFarlane y de John Poindexter, ex consejeros de Seguridad Nacional y piezas claves en el Irangate. El padre de Fawn es fotógrafo en el Pentágono. Para que no faltara nada, Fawn, ex girl scout, fue durante unos meses, precisamente cuando destruyó las pruebas del escándalo, novia del hijo de Arturo Cruz, uno de los líderes de la contra nicaragüense. Éste, que colaboró en un primer momento con los sandinistas y ahora estudia y escribe libros en Washington, pero está plenamente identificado con los contra, acabó ya su romance, al que se oponía North por pensar que el novio podría ser un agente de Managua.

El hijo de Cruz describe a su novia como una mujer de principios, tradicional, muy leal a Estados Unidos, al presidente y a North. Era una auténtica secretaria de confianza, que cubría al audaz Rambo cuando éste abandonaba Washington en sus frecuentes misiones especiales. Por sus dedos pasaba la historia de esta Administración activista. Por ejemplo, Fawn mecanografió los informes preparatorios de la invasión de la isla caribeña de Granada.

Hall, que vive en casa de sus padres y es aficionada al fútbol americano (su equipo es el Redskins de Washington), tiene cerebro tras su cara guapa, afirman sus amigas. No se lo cree, es honesta y lista, y nunca había pensado dejar su trabajo como secretaria por la carrera de modelo. Con sus ojos azules, melena tipo Farrah Fawcett y aspecto de Lolita sana que ha bebido mucha leche, Fawn Hall se ha convertido en la nueva estrella del Irangate.

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