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Crítica:'MOULIN ROUGE'
Crítica

Fusión de las artes

Hay siempre un muy puro sabor de alcohol en las películas de John Huston, del alcohol austero en su mundo de Tennessee Williams y entre iguanas al mezcal de su infernal cónsul al pie del volcán. Toulouse Lautrec era enano, pero no manco, y empinaba el codo que daba gusto. Sentado en su mesa en un cabaré cualquiera del París más París de todos los tiempos y, frente a él, y casi de su misma estatura, una botella de blanco alcohol...La curiosidad de Huston por Lautrec, en definitiva, acabó por sembrar refinamiento no ya en la persona de un solo hombre, el biografiado, sino en su conjunto y en su época, En un todo compacto, la figura del genial pintor, su contexto social, la música evanescente que rodeaba tanto a uno como a otro y, finalmente, los colores y las texturas pictóricas del momento aplicadas, en una fusión de las artes enriquecedora, al elemento cine, aparece Moulin Rouge como un filme encantador, algo reprochado por sus fervientes como menor, pero sin duda con encanto.

Súmese a ello la portentosa interpretación de un encogido José Ferrer, la de Zsa Zsa Gabor, tan en su naturaleza, y, entre otras, la de Suzanne Flon, magníficamente derrotada en su barniz humano y desesperadamente contemplativa ante un puente del Sena, y el encanto se superará aún más. Recreación abstracta de una época muy concreta, falseada pero creativa.

Moulin Rouge se emite hoy a las 21.35 por TVE-1.

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