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CARTAS AL DIRECTOR

'Titulitis'

Torrelavega (Cantabria).

Yo, también quisiera aportar mi granito de arena a la lucha contra la titulitis, esa terrible enfermedad psicosocial que azota a la educación española. Pero el problema reside en los extraños compañeros de viaje que uno debe soportar en esta lucha, compañeros como Luis Sanz, ese orgulloso y modélico "estudiante de quinto de Derecho", que en su defensa de una enseñanza verdaderamente superior arremete EL PAÍS, 19 de diciembre, Cartas al director) contra todos los que sobran: parásitos, vagos y maleantes de variada condición que frecuentan la Universidad española. Y es que la enseñanza superior debiera ser sólo para unos pocos; para los que, como Luis Sanz, sean capaces de adaptarse desde el primer momento a unas estructuras que ya estaban desfasadas en el siglo XVII, mucho antes de la famosa masificación, y con la cabeza inclinada sobre el correspondiente manual, escrito por el ilustre catedrático de turno, aprenderse de memoria párrafos enteros sin preguntarse si todo eso responde a unas mínimas exigencias científicas, si verdaderamente están desarrollando sus facultades intelectuales o, por el contrario, están haciendo el primo. Pero eso a ellos no les importa; ellos están en la Universidad para terminar la carrera con un brillante currículo y así poder llegar a subdirectores generales de cualquier cosa.Una desgracia la titulitis, en efecto; una desgracia que los que más claman contra ella sean los que mejor situados están, gracias a su oportuno título; y una desgracia que la educación haya sido literalmente secuestrada por el Estado y el acceso al mundo del trabajo se halle tan condicionado por un asfixiante corsé reglamentarlo. Una cosa es que los poderes públicos exijan unas mínimas garantías, y otra muy distinta la delirante manía titulatoria que ha falseado los mismos principios de la educación al convertirla en una lucha feroz por el ansiado diploma final.- Estudiante de tercero de Filología Hispánica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 2 de enero de 1987