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Ricardo Olmos, compositor

Ha desaparecido otro compositor de la generación del 27, un músico de tanto mérito como modestia y un hombre entero y lleno de bondad: Ricardo Olmos. Valenciano, nacido en 1905, se formó al lado de Manuel Palau y posteriormente trabajó con Charles Koechlin. Incansable en el aprendizaje, hasta el fin de su vida no cesó de acudir a cursos, conferencias o series de lecciones, bien se tratara de paleografía musical, que siguió con Jacques Challey, bien de pedagogia, bien de técnicas y problernas contemporáneos.Catedrático en la Escuela Experimental del Magisterio, colaborador honorario del Consejo de Investigaciones, cultivó el ensayo (Bartok, Prokofiev, Debussy), el folclor -con la aportación de una serie de cuaderrios con un total de 300 canciones y danzas de España- y la pedagogía. Deja escritos varios tratados en torno a las formas, musicales y el contrapunto.

Las obras de Olmos, interpretadas de cuando en cuando en España y fuera de ella (era un antipromocionador de su música), destacaron siempre por la finura de pensamiento y el cuidado de la escritura. Establecido en Madrid en 1939, aparecieron pronto páginas pianísticas en los cuadernos de la Editora Nacional. Después, la Unión Musical, Piles o el Instituto Valencíano de Musicología han lanzado ediciones de otras obras. Entre las sinfónicas debe recordarse la Suite infantil; para voces concertadas (coros, cuartetos) escribió una larga producción, pero acaso en el piano encontraba Olmos su más íntimo vehículo: Preludios, Seis movimientos de danza (de los que existe orquestación), Valenciana, Toccata, Juglaresca, Estampas hebreas y una sentida Elegía a Koechlin transparentan el ideal y el estilo de Ricardo Olmos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de diciembre de 1986