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Histeria antiárabe en Jerusalén

Cientos de seminaristas judíos entierran a un condiscípulo asesinado

"Venganza". "La sangre de Eliaju no tendrá reposo hasta que no sea vengada". "Muerte a los árabes". "Sangre por sangre". Cientos de gargantas gritan y acompasan los eslóganes antiárabes. "Teddy es árabe" (Teddy Kollek es alcalde de Jerusalén). "Cuando Kahane sea prímer ministro, os libraremos de Teddy". Son jóvenes partidarios del rabino racista Meir Kahane, todos ellos vestidos con blusones amarillos como muestra de sus opiniones políticas. Junto a los militantes de Kahane, decenas de miembros de Gush Emunim (derecha nacionalista) dirigidos por el rabino Moshe Levinger gritan: "Pena de muerte para los terroristas, expulsión para los demás árabes".

El grito es repetido por una multitud con caftanes y sombreros negros, barbillas y papillotes al viento: cientos de seminaristas judíos venidos a honrar a su condiscípulo Eliaju Amedi, asesinado a cuchilladas hace una semana por tres jóvenes palestinos de Yenin (en la Cisjordania ocupada), detenidos el mismo día del crimen.Más de 700 policías, guardías de fronteras e incluso soldados fueron movilizados el lunes para vigilar el orden, para impedir explosiones de rabia y de histeria que pudieran conducir a excesos contra la población palestina local en Jerusalén este, en el barrio musulmán de la ciudad. Todo fue en vano, las fuerzas del orden no lograron atajar la violencia antiárabe más de lo que lo hicieron los días anteriores. ¿Incapacidad o indolencia?

Una mujer intenta durante algunos minutos vencer la resistencia de una reja que protege el escaparate de una tienda árabe, cerrada con dos vueltas y llena de cadenas por todas partes. Varios policías observan la escena sin rechistar. La mujer consigue finalmente su propósito. El cristal salta en mil pedazos. La policía sólo interviene para parar a unos jóvenes que intentan penetrar en una casa árabe. Los jóvenes judíos gritan: "Jerusalén es Sión. Sión es eterno. Palestina no existe". Desde los tejados vecinos las respuestas de los jóvenes palestinos, escondidos detrás de las chimeneas y las antenas de televisión: "Palestina vencerá".

Los rompecabezas, punzones y púas de cristal son claramente visibles en las manos de numerosos jóvenes judíos. La policía no se percata de nada. Estas armas no son confiscadas, los culpables no son detenidos.

Sólo los judíos que se ensañan abiertamente con los escasos árabes que pasan o que intentan prender fuego a las casas o las tiendas árabes son llevados a comisaría. En total, 12 judíos fueron detenidos y tres palestinos. Resultado provisional: un seminarista judío muerto, tres árabes heridos, seis casas y dos tiendas incendiadas, al parecer todas pertenecientes a árabes. El presidente de Israel, Haim Herzog, y el primer ministro, Isaac Shamir, condenaron el asesinato del seminarista judío y la violencia antiárabe.

Mientras tanto, los dirigentes israelíes son criticados por la oposición parlamentaria y por la mayoría de los periódicos por haber omitido precisar que el asesinato del seminarista judío fue perpetrado por tres palestinos de Yenin, en tanto que la venganza contra la población árabe se produjo en Jerusalén este. Sin duda, el asesinato se produjo en el barrio musulmán de la ciudad, pero ¿por qué hay que tomarla con los habitantes árabes locales que no estuvieron en absoluto implicados en ese atentado?

ShIorno Hillel, diputado laborista y presidente de la Kneset (Parlamento israelí), declaró en la Cámara que los excesos antiárabes le recordaban la violencia antijudía en los países árabes. (Hillel es originario de Irak.) La diputada del Mapaín (sionista-socialista) Hayka Grossman afirma: "Cuando los judíos de Europa del Este eran víctimas de progromos, decíamos -y con razón- que esos actos violentos no se hubieran producido si las autoridades y la policía hubieran querido evitarlos. ¿No estamos ante el mismo ca/so hoy en el barrio musulmán de Jerusalén?

Daño a la unidad

El ministro de Asuntos Exteriores, Simón Peres, subrayó "el daño hecho a la unidad de Jerusalén" por los excesos antiárabes. Y el ministro de Turismo, Abraham Sharir, recordó "el golpe infligido al turismo de Jerusalén". Desde hace una semana, en efecto, Jerusalén este parece una ciudad fantasma. Las tiendas y los mercados están cerrados. Los habitantes árabes se encierran en sus casas o se han refugiado en otras ciudades. Seis familias árabes, cuyas casas fueron incendiadas, se encuentran en la calle, en medio del frío.Ariel Naor, miembro del comité central del Herut, el partido de Menájem Beguin, y ex secretario del Gobierno de Beguin, atacando a los que hablan únicamente del "daño político" provocado por los excesos antiárabes que se han producido en Jerusalén, ha escrito en el Yedioz Aharonoz: "No se puede examinar lo que pasa en Jerusalén desde un punto de vista exclusivamente político e ignorar el aspecto moral de los hechos. El que hace a todos los árabes responsables de un crimen cometido por uno o varios de entre ellos mina los fundamentos morales del Estado de Israel... Como anteriormente los antisemitas en Europa, que responsabilizaban a todos los judíos de cualquier acto de un solo judío, hoy nosotros hacemos lo mismo...".

El editorialista del Jerusalem Post señala que los excesos antiárabes en el barrio musulmán de Jerusalén "minan el título reclamado por Israel de ser el protector, en la Jerusalén unificada, de las tres grandes religiones monoteístas. De hecho, los progromistas judíos sirven a la Organización para la Liberación de Palestina". Y el diario concluye llamando la atención sobre el hecho de que los que han llevado y excitado a las masas hacía el odio antiárabe "no pretenden verdaderamente castigar a los asesinos de Eliaju Amedi. Al declarar abierta la caza del árabe, pretenden otra cosa muy distinta: quieren echar a los árabes de Jerusalén".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 26 de noviembre de 1986