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Javier Ozores

Un aristócrata productor y distribuidor de grandes obras cinematográficas

Javier Ozores Marchesi, conde de Priegue, productor asociado de la película La mitad del cielo, parecía predestinado a una plácida existencia de eternamente bronceado capitán de yate. Sin embargo, sintió desde pequeño una mezcla de comezón artística e insatisfacción y consumió bastantes años en tratar de aclarar este dilema. Ahora puede permitirse el lujo de concebir la distribución y la producción como un trabajo no sólo divertido, sino creativo. "Hay que dar total libertad al director, renunciar a la paternidad y apostar por la obra personal", comenta. "La creatividad del productor está en la elección".

Javier Ozores -que no tiene ninguna relación con la saga cinematográfica del mismo apellido- no presenta la imagen de cínico que sería consecuencia lógica de su reconocido pasado de señorito calavera ni su aspecto se corresponde con el de duro que se le supone a su presente de productor, aunque sea asociado. Se le ve demasiado feliz cuando usa la típica silla plegable de rodaje, y no repara en definirse como "una mezcla de vago y cinéfilo, a partes iguales".Nació en La Coruña en 1942, pero la posguerra no le impidió tener una infancia que él califica de supercómoda en el seno de una familia, además de rica, liberal. "A mí me ha salvado un cierto espíritu de fidelidad", piensa. De niño ya satisfacía la curiosidad de los mayores diciendo que quería ser director de cine; conserva las amistades de los 15 años, y su matrimonio, un tanto precoz, es "uno de los más estables de Hollywood".

Por ejemplo, en Deusto, en donde coincidió con otro futuro productor, Pepe Sámano, no estudiaba las asignaturas de Derecho ("no repetimos curso porque nos fuimos"), pero era devoto cinéfilo de película diaria. Tampoco lo hacía en la universidad de Santiago, donde fue compañero de José María Calviño ("ése sí era un empollón"), pero se dedicaba al teatro, al súper 8 y a pintar.

En 1980, "ya mayorcito y sin nada concreto que hacer", sus aficiones le empujaron a crear una distribuidora -Los Films del Búho-, con la que acreditó tanto su inicial inexperiencia empresarial como su olfato: compró La strada y Bellissima, entre otros mitos cinéfilos, y el pasado año estrenó en Madrid La reina Kelly, el filme de Von Stroheim que se había presentado un mes antes en Nueva York y que él intentó proyectar en las pantallas españolas con música en directo... de un grupo de rock.

Al año siguiente compró para su distribución Maravillas, de Manuel Gutiérrez Aragón, "y pasó algo casi mágico". Se asoció con el productor Luis Megino y entre ambos consiguieron llevar a cabo Demonios en el jardin, La noche más hermosa y La mitad del cielo, bajo la dirección de Gutiérrez Aragón, además de Todo es ausencia, documental para TVE sobre las madres de Mayo. En las mismas fechas en que La mitad del cielo cosechaba premios en el festival donostiarra, Televisión de Galicia (TVG) emitía A Lareira, una serie de tema culinario producida por él, en donde ha logrado tanto el primer patrocinio comercial para un programa de televisión (paradójicamente, limpio de publicidad) como que lo realice Xavier Villaverde, multipremiado director de videoarte.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de noviembre de 1986