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CARTAS AL DIRECTOR

Vida del objetor

No soy objetor de conciencia todavía; espero serlo pronto. Sencillamente, porque me parece que las armas no son el camino para la paz, libre, sino para "una" paz basada en el temor de que otro no dispare antes que yo.El pasado domingo 19 de octubre publicaba EL PAÍS un artículo titulado La mili que viene, sobre el que quiero hacer alguna reflexión.

Se habla de que Defensa considera irrelevante el número de objetores de conciencia, pues no llegan a 1.000 al año. En la actualidad hay unos 10.000 objetores que no hacen la mili. Yo creo que ésta sí es una cifra a pensar, y más si tenemos en cuenta que, según la ley, éstos deben permanecer de seis a 12 meses más que los soldados fuera de casa. Esto último, es claro, es una discriminación de unas personas por el hecho de pensar de forma diferente a como lo hacen los de ahí arriba. No les debe gustar la idea...

También se dice que en el año 1983 se produjeron un total de 209 "accidentes" mortales durante la prestación del servicio militar. Yo creo que muchos de ellos no pueden llamarse accidentes; para mí un suicidio no es un accidente. Aparte de esta consideración, me parece una cifra enorme. Además, se me ocurre que esos 209 no estaban allí por gusto propio, sino por obligación.

Asimismo, Defensa añade que el servicio mililar "no puede considerarse como causa específica de suicidios". De esta forma todos nos lavamos las manos. Nadie tiene la culpa...

Por último, el ministerio reconoce que "se siguen incorporando a los ejércitos jóvenes con cuadros psicopatológicos". ¡Pues ya va siendo hora de tomar cartas en el asunto!-.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de noviembre de 1986