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Crítica:MÚSICA CONTEMPORÁNEA

Contrastes y palimpsestos sonoros

En Cartas a Génica las palabras de Antonin Artaud en la voz de Esperanza Abad afloran, se superponen y se desvanecen como traídas y llevadas por una apacible marea, formando una suerte de onírico palimpsesto sonoro donde se acumula una íntima tensión entre lo real y lo irreal, que se disuelve mansamente sin permitir que el sueño llegue a tornarse pesadilla. En la obra, incluida en la sesión de apertura del festival bilbaíno, su autor, Jesús Villa-Rojo, aplica al instrumento humano consumados saberes de infatigable explorador de procedimientos instrumentales. Amplitudes, de Claudio, Prieto, recuerda en algún aspecto al Stockhausen del Canto de los adolescentes, si bien su propósito es básicamente dispar. El empleo de la electrónica, lejos de perseguir la desnaturalización de la voz, es para Prieto el medio de crear una polifonía que va fluyendo sin sobresaltos.Este primer concierto del ciclo ha estado, así, caracterizado por un predominio de lo contemplativo, con un único contrapunto en esa muestra de acción musical desenfadada que es Irrisorio pizzicato, de Rafael Díaz.

VII Festival de Música del Siglo XX de Bilbao

Obras de Prieto, Rafael Díaz, VillaRojo, Maderuelo-Abad, Gentilucci, García Román y Hindemith. -Intérpretes: Esperanza Abad (voz), ,José Iges (electrónica), Laboratorio de Interpretación Musical (LIM). Museo de Bellas Artes. Bilbao, 21 y 28 de octubre.

Equilibrio formal

El segundo de los programas agrupaba bajo el epígrafe Contrastes estilísticos tres composiciones para un conjunto formado por violín, clarinete, violonchelo y piano. Partituras las tres sólidamente estructuradas que, pese a la diversidad de sus planteamientos, compartían idéntica densidad de sustancia musical. A la severidad conceptual del Cuarteto de Hindemith le precedió una página de gran aliento camerístico, el Cuarteto de Pascua, de José García Román, y el estreno absoluto de una hermosa creación reciente de. Armando Gentilucci.Ésta última, Le clessidre di Dürer, fue escrita en 1985 con destino al Grupo LIM. Llena de una sutileza de matices que alcanzan a veces a lo "casi imperceptible", su equilibrio formal, su transparencia de líneas, su trazo firme y seguro, la vinculan con un cierto sentido clásico, que tiene que ver con las sugerencias plásticas reflejadas en el título.

El Cuarteto de Pascua, del granadino García Román, por su parte, es una pieza de amplias proporciones, ambiciosa en lo constructivo, que se artícula en tomo a cuatro grandes cadencias (una por instrumento) y lleva a cabo un interesante aprovechamiento de valores rítmicos y polifónicos.

Decir que en buena parte de los casos las obras presentadas han sido concebidas ya desde la mente de sus creadores para sonar en los atriles del LIM da idea del rango prácticamente definitivo de muchas de las intepretaciones escuchadas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 31 de octubre de 1986