Leguina
La Comunidad de Madrid, que no me aclaro mucho si es lo mismo que la autonomía, pero que, en todo caso, me parece que depende igualmente del señor Leguina, anuncia educiación sexual para los madrileños con foto de una pareja en bolas, en la Prensa. Se ve que, de acuerdo con las nuevas filosofías de derecha/izquierda, nuestros gobernantes quieren favorecer la privacidad (pseudónimo actual de intimidad) antes que la cosa pública, que en todas partes da ya como un poco de asco. "El mayor enemigo de las relaciones sexuales es el desconocimiento", reza uno de los lemas de esta campaña comunitario/sexual. Y tanto: como que si un joven de Leganés y una señorita de Argüelles no se conocen jamás, entre cinco millones de madrileños, difícilmente van a tener relaciones sexuales ni sentimentales ni nada. "Para que te planifiques a tu gusto, la Comunidad de Madrid te ofrece un servicio de información gratuita: educación sexual, enfermedades, anticonceptivos". Bueno, pero la señorita que sale en la foto es bastante maravillosa, y uno duda de que llamando al teléfono de la Comunidad le obsequien con una señorita así. Aquí de la falacia involuntaria de la política cuando degenera en propaganda. El caballero, por su parte, igualmente desencuerado, supera con mucho los máximos viriles de Leguina y de un servidor. Hay aquí una contradicción: una pareja así jamás puede tener problemas sexuales, ni comunitarios ni nada. El anuncio habría que haberlo hecho, querido Leguina, con una pureta y un carrozón.En cuanto a la educación sexual, no, gracias, ya me he hecho la mía, tarde tras tarde, y mi trabajo me ha costado. ¿Enfermedades? Todos las hemos tenido y disfrutamos médicos de confianza que se toman la cosa a broma, y hasta la curan. ¿Anticonceptivos? Eso es cosa de ellas, machistas como somos, pero hay un cuento de Cortázar donde el amante se frustra siempre por lo mucho que tarda ella en colocarse la cosa. El anuncio de la Comunidad, pues, es pura demagogia sexual. A los adolescentes que tienen que hacérselo de pie o en equilibrio sobre la moto, parece que no tienen nada que ofrecerles. Claxo que tanto el señor Leguina (quizá), como uno mismo, añoramos los tiempos en que había que hacérselo de pie o en equilibrio sobre la moto. El Poder patrocina el amor libre como el otro Poder patrocinaba el amor fámiliar y fecundo. El Poder, cualquier Poder, quiere seguir siendo nuestra Celestina. ¿Por qué?
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