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Tribuna:

Los límites del liberalismo global

Samuel Bowles y Herbert Gintis son catedráticos de Economía en la universidad de Massachusetts, y han publicado recientemente Democracy and capitalism: property, community and the contradictions of modern social thought (Democracia y capitalismo: la propiedad, la comunidad y las contradicciones del pensamiento social moderno). En este artículo analizan el sistema económico impulsado por la Administración Reagan, al que llaman liberalismo global, que consiste en la creación de una enorme presión sobre los ciudadanos de todo el mundo, a la hora de adoptar decisiones electorales, para que se decanten hacia opciones que fomenten un clima de rentabilidad y de atracción de capitales. Los autores hacen, además, una referencia al caso español y a los momentos en que estas presiones han actuado con mayor contundencia.

La victoria electoral del partido socialista español el 22 de junio puede ser indicativa de la limitada eficacia política de un sistema económico que la Administración de Reagan está actualmente impulsando activamente. Se denomina liberalismo global. Los estrategas de la derecha en Estados Unidos y en el resto del mundo esperan que la amenaza de la fuga de capital internacional y las presiones de la competitividad mundial harán que los votantes de todo el mundo se sientan ansiosos por fomentar un clima económico de rentabilidad, reduciendo así el apoyo popular a los programas socialistas. Sin embargo, el electorado español no se comportó como si tuviera una pistola en la sien.La lógica del liberalismo global es simple y nada nueva: las limitaciones de la competencia en el mercado mundial y la movilidad internacional del capital pueden reducir la libertad eficaz de acción de los Gobiernos hasta tal punto que el Estado nación, democrático o no, sea soberano únicamente de nombre. Con la democracia constreñida a un espacio reducido, los ricos tienen poco que temer de las ocasionales tendencias de Robin Hood del Estado popular.

MOVILIDAD DE LAS EMPRESAS

Lo que sí es nuevo es el grado de movilidad mundial de las empresas y la eficacia de la amenaza de trasladarse a otro país. Ambos aspectos han tenido gran peso en el éxito de los programas empresariales para quitarse de encima impuestos no deseados, leyes de protección del medio ambiente y a los sindicatos, así corno en la retirada de las medidas de protección social en Europa y Norteamérica.

Como el poder de los sindicatos en la mesa de negociaciones, el poder del capital, su control sobre la política pública, no proviene tanto de lo que hace, sino de lo que podría no hacer. El modelo liberal global se basa en la eficacia de lo que se ha denominado huelga de capital: las empresas distribuyen su producción a escala mundial para minimizar sus costos; las posibilidades de empleo en cada país dependen, consecuentemente, de la capacidad de cada Estado para crear un clima económico atractivo, y la capacidad de cualquier grupo gobernante para asegurarse la reelección depende en un alto grado de la situación de empleo en el período anterior a las elecciones. Mientras las empresas, mediante sus decisiones de inversión, controlen la oferta de puestos de trabajo, mientras el sustento de la gente dependa de la posibilidad de conseguir un puesto de trabajo y mientras las empresas tengan libertad para desplazarse, el liberalismo global supondrá un freno eficaz para el potencial igualitario de la democracia.

Debe quedar claro que la amenaza a la democracia no es resultado de una conspiración de las elites para anular la responsabilidad ante el pueblo, sino más bien de su búsqueda competitiva de un clima económico favorable. La erosión de la soberanía no es tampoco un resultado inevitable de intercambio mundial de mercancías o de la reubicación periódica de la producción.

El poder de la huelga de capital queda bien ilustrado por la reacción a la victoria electoral del Partido Socialista francés en 1981. Las inversiones directas norteamericanas en Francia, que, según datos del Departamento de Comercio norteamericano, habían aumentado a un ritmo anual del 11% entre 1965 y 1980, disminuyeron anualmente a partir de la victoria de Mitterrand a un ritmo medio del 9% al año.

Otros inversores se mantuvieron igualmente alejados. Entre 1965 y 1980, según datos proporcionados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la formación bruta de capital fijo real proveniente de todas las fuentes había aumentado en Francia a un ritmo medio del 4%, sin disminuir en dos años sucesivos durante este período. Con la llegada del nuevo Gobierno, tal tendencia de crecimiento retrocedió; las inversiones disminuyeron de manera importante entre 1980 y 1985.

Irónicamente, la huelga de capital contra el socialismo francés se llevó a cabo a pesar de la, en general, favorable fortuna económica a corto plazo de las empresas francesas. Durante los años de Mitterrand se frenó en realidad la larga tendencia de disminución de la rentabilidad.

La retirada de fondos provocada por el malestar de los inversores obligó a abandonar gran parte del programa económico socialista. Y el electorado no olvidó el aumento del paro al acudir a las urnas a principios de este año, eligiendo al conservador Chirac para el Gobierno.

HUELGA DE CAPITAL

En esos mismos años, la economía de Reagan ha recibido un fuerte impulso de una especie de huelga de capital al revés. Los afectuosos sentimientos de los ricos por la política de la Administración de Reagan dieron como resultado una corriente de capital hacia Estados Unidos, atraída en parte por los altos tipos de interés, aunque, curiosamente, sin dejarse desanimar por la posibilidad de la depreciación del dólar, prevista prácticamente por todos los economistas y analistas financieros. La afluencia de capital ha financiado una parte importante tanto del déficit del Gobierno como del déficit comercial. Al permitir que Estados Unidos viva por encima de sus medios en más de 100.000 millones de dólares al año, ha pospuesto el día en que habrá que tomar en serio los problemas estructurales subyacentes que producen estos déficit.

Los mecanismos del liberalismo global no suelen ser tan decisivos como la huelga de los inversores en Francia o la afluencia sin precedentes de capital a Estados Unidos.

- La victoria electoral del partido socialista español en junio se logró a pesar de tres años de ritmo lento de las inversiones, que se inició con su primera elección en 1982. Según datos publicados por la OCDE, la huelga de capital más espec-

Los límites del liberalismo global

tacular en España se produjo a mediados de la década de 1970, cuando la muerte del general Franco y la posibilidad de un régimen democrático fueron acompañadas del parón espectacular de una fuerte tendencia al alza en formación de capital, que había durado una década.- La posibilidad de una victoria electoral del Partido Comunista Italiano en 1976 llevó a un éxodo de capital; aparentemente, la mayor parte regreso al país tras la desaparición de la amenaza roja, después de las elecciones. Según cálculos realizados por The Times de Londres, 1.000 millones de dólares regresaron a Italia durante las dos semanas siguientes a las elecciones.

¿Cuál es el futuro del liberalismo global?

Si las economías estuvieran tan plenamente integradas en el sistema económico mundial que la oferta de inversiones en cualquier economía fuera altamente sensible a pequeñas diferencias en el índice de rentabilidad esperado, la gama efectiva de elecciones políticas se reduciría a un único conjunto de medidas, un equivalente político al "puede tener un coche del color que quiera mientras sea negro", de Henry Ford.

Pero el actual sistema monetario y económico mundial, así como sus apoyos militares y diplomáticos, están lejos de conseguir este mundo idealizado de hipermovilidad del capital; el hecho de que los tipos de interés reales y los índices de beneficios netos difieran considerablemente entre países, sugiere que la movilidad del capital está lejos de la perfección.

PRODUCCIÓN Y VENTAS

Además, una de las claves del éxito del modelo liberal global reside en la posibilidad de producir bienes en un país y venderlos en otras partes, asegurándose de que los bajos salarios del país de producción no den como resultado una floja demanda de esos bienes en el momento de su salida al mercado. Pero a medida que la producción de bienes constituye una parte en disminución de la producción total y a medida que aumenta el sector servicios resulta más difícil asegurar esta separación de producción y ventas: la gente puede comprar sus coches a Japón, pero no un corte de pelo.

Las posibilidades de la ordenada acomodación del liberalismo global entre derechos democráticos y privilegio económico se ven también oscurecidas por sus poco verosímiles presupuestos políticos y los altos costes de su puesta en práctica.

- La infraestructura diplomática y militar capaz de asegurar un movimiento de capital de bajo riesgo por todo el mundo puede resultar imposible de construir, y en cualquier caso, su control sería altamente costoso.

- Los soportes ideológicos del modelo liberal global constituyen un mosaico curioso y puede que insostenible de economía liberal y apoyo nacionalista al gran palo. Durante los años de Reagan, esta combinación ha sido bastante familiar, aunque el nacionalismo puede dirigirse con igual facilidad hacia el desbaratamiento de la movilidad económica mundial mediante el proteccionismo y los controles de capital como hacia el disciplinamiento de las zonas levantiscas del sistema mundial.

- La presión a la baja sobre salarios y la intensificación del trabajo en los países capitalistas avanzados, que se produce como resultado de la competencia entre naciones para aumentar el índice de rentabilidad, fomentarían muy probablemente una sensación de injusticia y hostilidad contra las reglas del juego. En consecuencia, los costes de implantación doméstica, bien mediante el palo o la zanahoria, muy probablemente aumentarían.

- El modelo liberal global puede resultar altamente despilfarrador en el grado en que el juego libre de mercados, tanto nacional como mundialmente, impone importantes irracionalidades relativas a amenazas al medio ambiente, desempleo estructural, destrucción de la comunidad y el infradesarrollo de los recursos de la sociedad no fácilmente comercializables, como conocimientos, inventiva e incluso mano de obra.

PRESIONES

Así pues, la etapa final del avance del liberalismo global en torno a la democracia puede hundir bajo su peso sus propios costes. Es probable que estas presiones se sientan de manera más intensa en Estados Unidos, que probablemente tendrá. que cargar con los costes de control de la infraestructura internacional del liberalismo global. La oposición a la continua militarización de la economía norteamericana expresada en las encuestas públicas es bastante mayor actualmente que en cualquier otro momento desde mediados de los años setenta. Pero la primera gran prueba de la disposición del contribuyente norteamericano a hacerse cargo de los gastos puede producirse si el impago de la deuda del Tercer Mundo incita a los bancos norteamericanos a buscar subsidios masivos del Gobierno para impedir su quiebra.

Y en la lucha darwiniana entre naciones y Estados y órdenes sociales, el liberalismo global puede verse finalmente derrotado por otros modelos económicos y políticos menos contrarios a la toma colectiva de decisiones y a procedimientos de asignación de cuotas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de agosto de 1986

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