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Amparo Soler Leal

"Yo soy una actriz de tripas, no de métodos"

Hija y nieta de actores, Amparo Soler Leal pisó por primera vez un escenario a los 13 años. Ahora es una de esas veteranas actrices de las que un director confía a priori en su buen trabajo, lo cual le parece "bastante aburrido". Amparo asegura que sigue poniéndose nerviosa con la palabra "acción" y que necesita, como todo el mundo, que le digan que lo hace bien. Amparo ejerce la desmitificación de su trabajo y se define como una "actriz de tripas, no de métodos, porque la interpretación me sale muy espontáneamente".

"Estábamos Fernando Rey y yo rodando Bearn", cuenta Amparo Soler Leal, "y comentábamos que cuando ya eres mayor y llevas tiempo en esto no se entiende que estés mal, lo cual no tiene razón de ser porque puedes meter la pata como todo el mundo. Cuando a Fernando le dieron un premio por su interpretación en Padre nuestro no se puede imaginar lo contentísimo que estaba, porque uno necesita que le digan que ha estado bien, cierto estímulo. Estar como siempre también puede significar estar mal, como siempre".Con Amparo se pierde la saga de actores de la que procede. Casada en segundas nupcias con el productor cinematográfico Alfredo Matas (a los 18 años lo hizo con Adolfo Marsillach), Amparo no tiene descendencia. Hija única, nació en plena gira teatral y lleva 37 años trabajando. Dice que, cuando empezó, ser cómico era como ser una raza aparte, distinta, algo marginada. Quizá por ello Amparo desmitifica su profesión.

"Es cierto que a veces tienes que trabajar con alguien que no te cae bien o con el que no conectas, pero eso le pasa a cualquiera en su trabajo; no hay tantas historias paralelas en los rodajes como la gente se cree. Esa leyenda de la doble vida no existe".

A esta actriz le extraña que le digan que da la imagen de ser una mimada y caprichosa mujer a la que todo se le puede perdonar. "Qué va, qué va. Yo no hago generalmente nada por lo que me tengan que perdonar. No soy nada caprichosa, y rodando soy una persona muy disciplinada. Esa imagen la doy por algunos de los papeles que he hecho; entre madrastra y niña mimada, ¿no? Quizá me gustaría ser así, porque es un personaje más llamativo".

A su buen hacer cinematográfico de estos últimos años le llama Amparo "tener una buena racha". Hace una semana que finalizó dos rodajes simultáneos. Ha hecho el papel protagonista, junto a Amparo Rivelles, de Hay que deshacer la casa, con José Luis García Sánchez. Ha terminado también el rodaje de la película de José Sacristán Cara de acelga

Con Fernando Fernán-Gómez comentaba Amparo hace poco ese miedo que pesa también sobre el actor veterano. Ese cosquilleo que "te entra por aquí", como dice ella llevándose la mano al esternón, cuando el actor oye la palabra "acción". "Yo soy como Fernando", añade, "soy actriz de tripas, no de métodos. Lo llamo así porque me sale, porque soy muy espontánea. No soy de las que necesita correr para luego parecer que está muy emocionada o acordarme de mis muertos para ponerme a llorar".

Le gusta leer y escribir. Lee, dice, cada vez menos libros y más prensa por falta de tiempo. Escribe cuentos "y cosas" y guarda pocos papeles y recuerdos. "En eso soy como mi madre. Nunca guardaba nada. Algunos compañeros coleccionan guiones. Yo nada, y eso luego se siente, porque cuando murió mi madre me hubiera gustado tener carteles y cosas suyas, pero no encontré nada. Claro que, en mi caso, no tengo hijos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 13 de agosto de 1986