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Tribuna:

Avestrucismo

Uno de los defectos más graves, y al parecer incorregible, de cierta izquierda catalana es ver el pujolismo en el ojo ajeno sin captar el felipismo en el propio. Obsesionados por el monopolio nacionalista del pujolismo, y en vez de preocuparse por ofrecer de una vez una alternativa de izquierda a ese monopolio, se pasan el día detectando pujoladas o pujoleces, como si de una plaga de taimados extraterrestres se tratara. En ese defecto incurrió recientemente el señor Martínez Fraile, teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona, al atribuirme en una Tribuna libre una tontería que no es mía. Es rigurosamente suya.Afirmaba Martínez Fraile que yo he dicho "... la derrota de Roca es la derrota de Cataluña". Por favor, un respeto. El señor Martínez Fraile lee con los anteojos de sus propias obsesiones. Desde siempre tengo bastante claro que cualquier identificación Roca-Cataluña o Pujol-Cataluña es un juego de manos hábilmente realizado por el pujolismo y torpemente tolerado, e indirectamente auspiciado, por Martínez Fraile y otros como él desde una falsa, mala o insuficiente conciencia sobre el asunto. Lo que sí dije, y suscribo, es que se había hecho campaña contra Roca por su condición de catalán y eso podría percibirlo cualquiera que se asomara más allá del Ebro. De Roca se daba la imagen del catalán nacionalista que se mete en la camisa de once varas del Estado español, y esa imagen negativa, directa o indirectamente, la hacían circular derechas e izquierdas, en Pinto o en Valdemoro.

La derrota de Roca no es la derrota de Cataluña, por descontado, pero sí, en parte, un síntoma más de un nuevo anticatalanismo rigurosamente "democrático" y aun "izquierdoso" capaz de abuchear el recitado en catalán de un poema de Espriu en el teatro de Mérida. Del mismo modo, la victoria de Narcís Serra no es la derrota de Cataluña, como retóricamente se plantea nú teniente de alcalde, pero tampoco es propiamente dicha la victoria de Narcís Serra, ni la del señor Martínez Fraile. Es la victoria de Felipe González y en Cataluña sólo los avestruces aún no se han dado cuenta de esta evidencia. Y de ella depende que algún día haya una altemativa de izquierda al pujolismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de agosto de 1986