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TRIBUNALES

El fiscal pide 12 años de cárcel para un policía ebrio que disparó contra un letrado

El fiscal ha solicitado una pena de 12 años y un día de reclusión para el policía nacional Francisco Vivas Castellanos, que el 17 de enero de 1982, en estado de embriaguez, disparó contra el abogado Carlos Slepoy, al que hirió de gravedad y le causó lesiones que tardaron en curar un año y medio, de las que le quedaron muy graves secuelas.La acusación, que, al igual que el fiscal, califica los hechos de asesinato frustrado, pide una pena de 17 años, cuatro meses y un día. La defensa solicita la absolución por considerar que el policía sufrió un trastorno mental transitorio.

Tras las declaraciones del acusado, la víctima y varios testigos presenciales, nadie cuestiona los hechos. El propio policía afirmó que no recordaba nada y que no se explicaba cómo hizo declaraciones tan extensas y minuciosas en el estado en que se hallaba.

Vivas, según los testimonios prestados, pertenecía al servicio de protección de la sede del Partido Comunista de España. El 17 de enero de 1982 estuvo tomando unas copas y sobre las 20.30 horas, en la plaza de Olavide de Madrid, pidió fuego a un grupo de jóvenes. Sin motivo aparente, propinó un puñetazo a uno de ellos y los encañonó con la pistola. En ese momento, Slepoy intervino y se identificó como abogado intentando apaciguar los ánimos del policía, quien guardó el arma, pero dijo al abogado que le acompañara a comisaría. Cuando habían andado unos pasos, sin previo aviso, el policía desenfundó su arma y disparó contra él. El abogado cayó al suelo, donde el policía le encañonó.

Al presenciar los hechos, un inspector se acercó al policía y le desarmó. Vivas le decía al abogado: "Te perdí y me perdí". El abogado recibió el disparo en la espalda, en la región lumbar, que le ha dejado como secuelas grave dificultad para andar, función sexual precaria e incompleta, descontrol de esfínteres y muy escasa sensibilidad en los pies.

Médicos propuestos como peritos por la defensa del policía manifestaron que aunque éste tenía antecedentes familiares de alcoholemia y epilépticos, los exámenes médicos para los aspirantes a policías no podían ser muy exigentes porque corrían el riesgo de no cubrir las plazas vacantes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 17 de junio de 1986