Concierto
Coronado con unos cascos de astronauta, listo para el despegue, oigo el concierto de Brandemburgo en un disco láser. De pronto, una espiral de semifusas me arrebata el cerebro y se lo lleva a la estratosfera impulsado por la música. Colocado en órbita, comienzo a navegar sobrevolando la geopolítica a bordo de un incontaminado violín de Bach. Desde lo alto contemplo la jaula de grillos que he dejado en la Tierra, donde mis mejores amigos riñen y se debaten ante algunas indecentes preguntas que les han formulado. ¿Quieren ustedes bombas? ¿Se sienten ustedes amenazados? ¿No les gustaría matar a un ruso? En realidad me acabo de fugar hacia el cielo de Platón porque aspiro a ser tan puro como el éter, pero planeando en el vacío al mirar abajo veo nítidamente el suelo de Europa dividido aún por las alambradas, media humanidad sentada en un cubo de basura, millones de niños muertos de hambre, millones de adultos cebados con tocino, pero muertos de miedo, y también descubro a unos señores concretos que hacen un negocio redondo fomentando el terror planetario. Ellos han sustituido el infierno qué ya no funciona como castigo por el dogma apocalíptico de la guerra atómica, que tampoco se va a producir porque su sustancia es la derrota. Sólo exigen mi fe en ella para engordar la cartera.Navegando por las esferas en un carro de música tirado por Bach yo no soy un hombre realista, sino un imbécil de buen corazón. No me siento un europeo pragmático. Tal vez soy un sentimental o simplemente un ser bien nacido que flota en el cielo de Platón lleno de dudas. ¿Me dejaré avasallar por unos mercaderes impresentables que intentan explotarme con el miedo? ¿Ayudaré con un voto afirmativo al tráfico de armas nucleares para que unos sujetos altos y rubios, aunque chorizos, sigan haciéndose ricos? ¿Contribuiré con mi pobre aquiescencia a los gastos militares astronómicos e inútiles mientras la mayor parte del mundo no ha salido de la miseria? ¿Podré mirarme al espejo sin despreciarme después de decir sí a todo eso? El concierto ha terminado. Me quito los cascos. Votaré no a la OTAN por salvarme a mí mismo.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.