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Justo Gutiérrez

Padre de la estética vanguardista del carnaval de Tenerife, es el 'rey' de la moda y el 'cerebro' de estas fiestas

Justo Gutiérrez, 34 años, no ignora que en siete años se ha convertido en el rey de la moda y el cerebro de la ficción del carnaval de Tenerife, una de las fiestas masivas más espectaculares de Europa. De sus manos han nacido los trajes, sofisticadas esculturas de plumas y pedrería, que han acaparado, desde 1971, el reinado del carnaval. Sus revolucionarias ideas sobre el diseño de gigantescos disfraces de hasta dos metros de altura convierten el festival de apertura de la fiesta en un apasionante viaje a la fantasía.

Es el padre de la estética vanguardista del carnaval canario. Define su trabajo, difícil de encasillar, como el arte de combinar la mujer, el traje y el maquillaje. Las obras pueden pesar hasta 35 kilos y su valor llega a rozar el millón de pesetas. La envergadura de estos aparatosos vestidos requiere que las jóvenes que los porten sean de complexión fuerte y una buena preparación en el gimnasio. Su meticulosidad profesional llega al extremo de exigir a sus modelos clases de danza y jazz para asegurar el éxito.Todo el año piensa en la forma de sorprender al jurado. Tres meses antes de la noche de la verdad se afana con su equipo, las 24 horas del día, en corregir el más mínimo fallo. Sin embargo, este oficio de artesano de sueños no le da para vivir. "He tenido que trabajar como decorador de escaparates porque si me descuido no tengo para comer", señala Justo Gutiérrez. Su principal ilusión ahora es perfeccionar sus conocimientos de autodidacta del diseño en Barcelona, donde disfruta de la primera beca que concede una comunidad autónoma (en este caso, la canaria) para cursar estudios de confección. La moda comercial no le atrae tanto como el cine futurista o el comic, que han influido notablemente sus creaciones. El escenógrafo José Tamayo le ha animado a salir de las islas para proyectar su credo artístico en el escenario europeo.

El metacrilato (material sintético maleable que imita al vidrio) fue el gran descubrimiento para Justo Gutiérrez, que estaba harto del estereotipo al uso hasta entonces en la estética del carnaval de Tenerife. El hallazgo del plástico barrió del panorama los materiales clásicos: la tela y la lentejuela. Luego incorporaría otros elementos inéditos: pedrería, cristal, plumas hasta la saciedad y bordados. De esta manera, Justo Gutiérrez impuso el sello inconfundible de su estilo y contribuyó a que la elección de la reina del carnaval fuera algo más que una frivolidad.

Su afán de superación despertó en él la idea de poder colocar luz en los trajes. Con este fin ha discutido ya con un ingeniero la posibilidad de integrar la luminotecnia en estos diseños lúdicos. Por lo pronto, una de sus modelos ha exhibido públicamente una copa de orfebrería de imitación desde la que fluía humo producido por hielo seco.

Este aire inconformista y atrevido de Justo Gutiérrez es lo que ha definido su inconfundible vocabulario de formas y volúmenes en perfecto equilibrio. Títulos como Mi querida Josephine (homenaje a a la cantante de color Josephine Baker), Fortuna imperatrix mundi (inspirado en los cantos paganos medievales de Carmina Burana) o La leyenda de Ucaiali (con reminiscencias incas) son piezas de museo trabajadas con perfección minuciosa. "Me preocupa cuidar el más mínimo detalle para que el traje tenga efecto a distancia y sea admirado también por su precisión", se explica el artista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de febrero de 1986