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Antonio Molina vuelve a cantar en la capital de España "tras años sin pisar Madrid"

El cantante Antonio Molina se reencuentra hoy con el público madrileño, después de seis años de ausencia. Vuelve con Adiós, mi España, título del espectáculo y de una de sus canciones más famosas, al escenario del teatro Progreso. Molina, uno de los cantaores más aplaudidos desde la década de los cincuenta, hoy con 57 años, retorna con un espectáculo de variedades en el que él volverá a interpretar títulos tan conocidos como La estudiantina o Soy minero.

Antonio Molina, nacido en Málaga, pero madrileño desde los 14 años, con más de 1.000 canciones grabadas y 12 películas a sus espaldas, señala que él nunca se ha retirado del cante. "Hace unos seis años que no actuaba en un teatro madrileño. Pero he estado trabajando por todas partes. En Barcelona, por ejemplo, he estado actuando tres años seguidos. España es muy grande y muy bonita, la nación más bonita del mundo. Puede uno estar cantando años y años sin pisar Madrid".Molina está convencido de que su espectáculo, "con muchísima gente y todos buenísimos", va a gustar a todo el mundo. "Cantaré lo de siempre y cosas modernas y bonitas, incluso un par de canciones nuevas que nunca he puesto en un teatro. Además, en Madrid me quieren muchísimo. Yo soy malagueño, aunque mis ocho hijos han nacido todos en Guzmán el Bueno, 27, donde he vivido más de 30 años, y mi mujer, Ángeles, es de Madrid, del pueblo de Fuencarral; de forma que yo me considero madrileño", dice.

"Canto media hora larga en el espectáculo", prosigue. "Es mucho para la tesitura en la que yo canto. Si cogiera un tono bajo, estaría con un repertorio de 20 horas sin cansarme, pero con lo mío es para rendirse. Empiezo con La estudiantina, que me la piden; Soy minero, Adiós, mi España, que da título al espectáculo, pero que no va en sentido político, porque yo de política no quiero saber nada ni me interesa. Sólo me interesa que España viva muy bien. Soy apolítico y muy religioso, aunque no beato".

De las posibilidades de su peculiar voz y de su famoso falsete, Antonio Molina asegura que anda perfectamente, como siempre, "gracias a Dios". "Yo empecé cantando flamenco. Luego interpreté de todo", recuerda ahora. "Llevo 34 años en el espectáculo y tengo 57. Empecé en 1952, en un concurso de radio. Luego monté mi propia compañía y ya no recuerdo cuál fue mi primer espectáculo. He tenido tantos chicos y tantos títulos de espectáculos, que ya me hago un embrollo con los nombres y las fechas. ¿Será posible?".

Antonio Molina opina que el género musical que él cultiva está en un buen momento. "La canción española y el flamenco, que es en lo que yo trabajo, están en un muy buen momento. El flamenco y los toros es algo tan español que no se puede perder. Puede tener altos y bajos, pero no decae nunca. Por el cante y los toros es por lo que se nos conoce fuera", dice el cantante.

Los discos

Antonio Molina vive en el pueblo madrileño de Fuencarral, en una casa de tres plantas que comparte con su guapísima mujer, Ángeles, y todos sus hijos, salvo Ángela y Micki. Su máxima ilusión sería que toda la familia siguiera viviendo junta, y para ello quiere levantar tres plantas más. De su retirada, Antonio Molina asegura que no se la plantea, "porque soy muy joven", argumenta. "Lo que sí que pienso es en trabajar sin atosigarme. Hacer las cosas tranquilamente, sin ir y venir de un lado a otro a toda velocidad. Todos los artistas, del primero al último, recorremos todos los pueblos. Desde la Pantoja a Julio Iglesias. Y, la verdad, es que yo me canso de este trajín".En los años en los que sus canciones sonaban continuamente en la radio, Molina protagonizó 12 películas que llenaron los cines de la época. Pero actualmente no tiene ningún proyecto cinematográfico: "Me han ofrecido cosas, pero yo me reservo. Tal vez más adelante", apunta. Este hombre, al que se le ve totalmente orgulloso de sus hijos, dice que no ha podido ver completa ninguna de las películas de Ángela, Paula o Micki. "He visto pocas películas suyas porque me pasa una cosa muy rara. Cuando les veo en la pantalla se me hace un nudo en la garganta y me tengo que salir de la sala. Me emociono, se me nublan los ojos y digo que para no ver nada me salgo con el portero y dejo a la familia tranquila. El portero me cuenta su historia, yo la mía y los dos nos reímos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 31 de enero de 1986