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Condenados a muerte por el asesinato de Indira Gandhi tres policías sijs de su escolta

Tres policías sijs de la escolta de la que fue primera ministra Indira Gandhi fueron condenados a muerte ayer por un tribunal de Nueva Delhi, que les declaró culpables del asesinato de la dirigente, perpetrado el 31 de octubre de 1984. Simultáneamente, las autoridades han puesto en estado de alerta a las fuerzas de seguridad en Punjab, Estado de mayoría sij al norte de la India, en prevención de incidentes violentos.

Satwant Singh, de 22 años de edad, fue condenado a muerte por el asesinato material de Indira Gandhi, mientras los otros dos policías encausados, Balbir Singh, de 43 años, y Kear Singh, de 50 años, fueron sentenciados a la última pena por participar en el compló para asesinar a Indira Gandhi.Indira Gandhi fue asesinada el 31 de octubre ante su residencia de Nueva Delhi por dos sijs de su guardia personal, Satwant Singh y Beant Singh. Este último resultó muerto por disparos de otros miembros de la escolta de Gandhi, inmediatamente después de que fuese perpetrado el atentado, mientras Satwant Singh resultaba herido. El magnicidio se llevó a cabo cuando la primera ministra abandonaba su residencia para conceder una entrevista al actor británico Peter Ustinov.

Los cuatro sijs de la guardia de la primera ministra no son parientes entre ellos a pesar de que en sus nombres aparece la palabra Singh, león, incorporada a los apellidos de los sijs como símbolo de coraje. La comunidad sij suma 16 millones de personas.

El juez Mahesh Chandra anunció el veredicto del tribunal en una sala improvisada en la cárcel de alta seguridad de Tihar, en la capital india. Con la triple sentencia emitida ayer se cierra el proceso que venía celebrándose desde mayo de 1985.

Las autoridades pusieron en marcha importantes medidas de seguridad en el Estado norteño de Punjab -entre ellas, la detención preventiva de unos 350 militantes sijs-, donde ha ido creciendo la tensión a medida que se acercaba el final del proceso.

Si las circunstancias del asesinato de Indira Gandhi han quedado claras, el proceso ayer concluido no ha permitido que se haga plena luz sobre una serie de puntos y detalles oscuros. Entre ellos figuran la hora exacta de la muerte de la primera ministra y el número de impactos que alcanzaron su cuerpo.

Esas imprecisiones permitieron a los abogados defensores de los acusados construir varias teorías sobre la existencia de una más amplia conspiración y atenuar así la responsabilidad de sus defendidos. Amparándose en la negativa a declarar ante el tribunal del presidente, Zail Singh, del primer ministro e hijo de Indira Gandhi, Rajiv, y de la esposa de éste, Sonia, el abogado defensor llegó a plantear la existencia de una "conspiración familiar" para eliminar a la primera ministra.

Las especulaciones sobre los motivos del atentado no sólo se desarrollaron en la sala del juicio. El periódico soviético Pravda insinuó en varias ocasiones que Estados Unidos estaba detrás de la muerte de Indira Gandhi, víctima de una "conspiración entre la reacción interna y las fuerzas imperialistas". El presidente egipcio, Hosni Mubarak, acusó a Libia de financiar el asesinato. Rajiv, por su parte, en sus primeras declaraciones sobre el atentado, afirmó que éste era el resultado de una conspiración para desmembrar su país.

Para la acusación, los objetivos del asesinato eran claros, ya que los cuatro implicados juraron vengarse tras el asalto perpetrado por el Ejército en junio de 1984 contra el Templo Dorado de Amritsar, ciudad santa de la comunidad síj, en el que resultaron muertas más de 650 personas.

La orden de asalto fue dada por la primera ministra, Indira Gandhi, para expulsar a los extremistas sijs que se habían atrincherado en el templo.

El asalto traumatizó a la comunidad sij y desencadenó una ola de sangrientas represalias contra los sijs.

Durante el proceso, el más importante que se ha desarrollado en la India desde que fuera juzgado, condenado y ejecutado en la horca el fanático hindú Mathuram Gods por el asesinato del Mahatma Gandhi en 1943, fueron oídos más de un centenar de testigos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 23 de enero de 1986