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CARTAS AL DIRECTOR

El estructuralismo

Le Mesnil, Bélgica.

En una breve nomenclatura hístórica de la filosofía europea firmada por Miquel de Moragas (EL PAÍS del 17 de octubre pasado) destaca una expresión ("las falsas esperanzas del estructuralismo") tanto más vivamente en cuanto que es el único de los movimientos filosóficos citados al que el autor se cree obligado a añadir un calificativo, y en cuanto que, por parte del lingüista, ese calificativo (además de estar muy cerca del pleonasmo) se parece demasiado a una negación.Al observar también la presencia de J. F. Revel (Pourquoi des philosophes?) en la delegación francesa que asistió al congreso El espacio cultural europeo, de Madrid, difícilmente puede dejarse de recordar que "el antiestructuralismo" se lleva ahora cada vez más en los salones, hasta el punto de que se manifiesta en forma de censura y exclusión en ciertas instituciones llamadas "culturales". En una palabra: como una forma de inquisición que al pueblo español,

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por su experiencia, debe hacérsele particularmente abyecta.

Opinamos que el estructuralismo fue y sigue siendo el heredero, único y persistente, de los únicos momentos de pensamiento científico que en el siglo XIX se constituyeran en el campo social. A saber: la lingüística de F. de Saussure, la economía de Marx y el análisis freudiano. El alejamiento bastante generalizado que hoy se le muestra se inscribe sencillísimamente en un movimiento que yo no dudo en calificar de oscurantismo y que tiene un fondo político. Éste es, por otra parte, el calificativo que ya utilizaba C. Lévi-Strauss respecto a J. F. Revel (hace 25 años) en una réplica bellamente irónica incluida en el inolvidable libro que es la Antropología estructural.

Se ve que la lucha entre la ciencia y la bruma cultural no es cosa de hoy: sería una pena que los esfuerzos de las instituciones europeas se reduzcan a lo segundo.- Sociólogo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 19 de noviembre de 1985