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La Asociación Pro-Derechos Humanos recomendará el cierre del reformatorio Renasco

La Asociación Pro-Derechos Humanos anunció ayer que recomendará el cierre de la Residencia Nacional Socioterapéutica (Renasco), de la que el viernes se fugaron cinco menores tras organizar un motín. Esta recomendación está incluida en un informe ya redactado, que es el resultado de dos meses de visitas al centro. El director y los educadores del centro de menores afirmaron ayer que comprenden la actitud de los fugados, precisamente porque son adolescentes que han tenido una infancia terriblemente dura, pero rechazaron de plano que allí se utilicen métodos represivos.

La Asociación Pro-Derechos Humanos emitió ayer un comunicado en el que expresa su "más enérgica protesta por la pervivencia, intolerable en un Estado de derecho, de centros y criterios como los que mantiene en pie instituciones como Renasco, represivas y descontroladas".Estas instituciones, a juicio de la asociación, "imposibilitan a los ciudadanos españoles menores de edad un desarrollo sano y su integración en la sociedad, agudizando su marginación y preparándoles para la delincuencia".

El reformatorio está situado en el semisótano de una de las alas del colegio religioso del Sagrado Corazón, que a su vez se ubica en una enorme manzana, aproximadamente a 500 metros de la prisión de Carabanchel. El director de la Renasco, David Jiménez, reconoce que tanto el edificio como el barrio son completamente inadecuados para conseguir la reinserción social de los menores. Jiménez coincide con varios educadores del centro al manifestar su comprensión ante la fuga de los cinco menores no porque la acción sea consecuencia de unas "inexistentes condiciones de represión", sino porque "se trata de menores con grandes problemas y que han tenido infancias muy difíciles".

Uno de los tres menores que aún permanece en libertad -dos fueron detenidos a las pocas horas por la policía- "salió a la calle el mismo viernes por la mañana, acompañado de una educadora", afirmó el director. "Sin embargo, volvió al centro y a las pocas horas organizó un motín para fugarse".

'El submarino'

David Jiménez mostró las habitaciones que durante años los menores conocieron como el submarino, habitáculos de un metro de ancho por dos de largo, cerrados con una puerta de hierro macizo. Hoy se utilizan como almacén de trastos y taller de escultura. "Lo que sí puedo asegurar", afirma el director, "es que desde febrero de 1983, en que se clausuró el antiguo Reto (Residencia Especial de Tratamiento y Orientación) y se abolió su reglamento, el submarino no ha vuelto a utilizarse"."No puede ser cierto lo que han contado los tres fugados de que al menos uno de ellos ha estado encerrado aquí recientemente", añadió, "aunque es posible que sea una vieja historia que le pasara algún amigo y que él la haya asumido como propia. El máximo castigo que se impone, y en casos muy extremos, es dejarlos encerrados en sus habitaciones. Los castigos, habitualmente, se traducen en no ver la televisión o en la pérdida de puntos".

Ocurre, sin embargo, que una misma realidad es observada desde ángulos completamente diferentes. Lo que para los educadores es un imprescindible aprendizaje de normas de conducta para los menores son exigencias represivas. Lo que para unos es un período de observación de 48 horas -pasan un reconocimiento médico, hablan con psicólogos, se elabora su historial- para otros es un encierro. Ésta es la impresión que tienen las personas que han acogido a los tres huidos, que no dudan de la buena voluntad de los educadores, pero sostienen que es el sistema el que no funciona.

Por su parte, los trabajadores de Renasco emitieron ayer un comunicado en el que se habla de "incomprensión" ante la necesidad de adoptar "medidas preventivas para mantener un nivel de convivencia adecuado" en estos centros, así como de la falta de instituciones para la rehabilitación social del menor.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 19 de noviembre de 1985

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