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Crítica:

La chica acechada

Esos asesinos psicópatas que tanto gusta al público de hoy contemplar -y a Charles Bronson ajusticiar- tienen en los años sesenta algunos antecedentes discretos. Shock, sin duda, es uno de ellos. Los elementos que baraja la película son propios del reciente género psico-thriller, una de las especialidades cinematográficas que más influencias recoge del telefilme- televisivo.Shock tiene esa convencionalidad televisiva en el relato, esa pretendida naturalidad en los personajes que, en su costumbrismo, quieren ser espejo de nuestra cotidianidad y así impresionarnos más cuando deben sufrir.

Demasiado tarde

El filme se entretiene demasiado en revisar los problemas diarios y sentimentales de la chica protagonista -Katy está aburrida de su novio Kenny, aprendiz de fotógrafo, y se casa con un abogado dedicado a la política- dejando el suspense para el final y sin tener en cuenta que, por lo esquemático de sus trazos, ni la vida de él ni la de sus semejantes nos interesa lo más mínimo. Cuando llega el impacto es ya demasiado tarde para nuestra receptividad cansada.

Mark Robson, el notable realizador de El ídolo de barro o Más dura será la caída, se había convertido ya por esas fechas en un director todo terreno que llegaría a firmar Terremoto, el primer e impersonal artificio del sensurround.

En la película Shock pone su profesionalidad al servicio prácticamente de la nada. Para los aficionados. al género, destaquemos la presencia en el guión de Larry Cohen; ese hombre sí llegaría a conquistar, con productos como ¡Estoy vivo! o La serpiente voladora, un cine de miedo imaginativo y demoledor.

Shock se emite hoy a las 22.30 por TVE-2, en el espacio Largometraje.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de septiembre de 1985

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