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Tribuna:Hoy, día de los trabajadores

El día de la clase trabajadora

La conmemoración del Primero de Mayo, en recuerdo de los trabajadores muertos en Chicago en 1886 en defensa de la jornada de las ocho horas, ha estado tradicionalmente empañada en nuestro país por las diferencias existentes entre las organizaciones obreras. Con la recuperación de la jornada por parte de los sindicatos democráticos, los primeros años de la democracia se significaron por la unidad. En los tres últimos, CC OO y UGT, los dos sindicatos mayoritarios, conmemoraron la jornada por separado. Los secretarios generales de CC OO y UGT analizan en estos artículos el significado que esta fecha tiene para el movimiento obrero y para las reivindicaciones de la clase obrera.

Para referirnos al Primero de Mayo como celebración universal de la clase trabajadora tenemos que recordar su profundo sentido reivindicativo.Ciertamente, el contenido de algunas de nuestras aspiraciones y exigencias ha variado con el paso del tiempo.

En el legendario Primero de Mayo de 1931 los trabajadores salieron a la calle desbordantes de alegría ante la reciente instauración de una República que implicaba un horizonte de paz, justicia y libertad.

Durante la noche tenebrosa del franquismo, los españoles, desde la cárcel, la clandestinidad o el exilio, estaban unidos por un anhelo común de que la democracia y las libertades públicas volvieran a ser una realidad de la que tan poco tiempo hemos disfrutado en este siglo.

Hoy, con instituciones democráticas consolidadas y con una mayoría de nuestro pueblo decidida a profundizar en ellas y extenderlas a todos los ámbitos, viejas y nuevas aspiraciones y reclamaciones siguen haciendo de la fiesta de los trabajadores el momento en que las voces se unen en la reivindicación y la protesta.

La paz y la solidaridad internacional son hoy, como lo han sido desde la celebración de 1980, un objetivo que aúna a todos los ciudadanos libres en contra de los que predican la carrera ole armam.entos, los bloques militares y el imperio de la fuerza de los poderosos contra los débiles.

La desigualdad, contra la que han luchado incesantemente los sindicatos de clase a lo largo del tiempo, sigue golpeando en nuestras conciencias con fuerza acrecentada, porque el transcurso de los años no solamente no la ha eliminado sino que en muchos aspectos la ha hecho cada vez mayor. El paro, el recrudecimiento del individualismo, el corporativismo creciente, el cuestionamiento del papel del Estado como moderador de los desequilibrios, han configurado una sociedad dual donde unos ciudadanos tienen acceso a mejor educación, a los puestos de trabajo, a la protección contra las contingencias, mientras que otros, que cada vez son más, cruzan la frontera de la marginación.

En 1985 los trabajadores tenemos que soportar, además de las consecuencias de una tremenda crisis económica en la que llevamos la peor parte, una verdadera ofensiva ideológica que pretende poner en cuestión los fundamentos mismos de los planteamientos sobre los que pueda basarse el bienestar y la justicia.

Los sistemas públicos de protección social -que han constituido, ciertamente, el logro más importante de la clase trabajadora para que los sacrificios de la distribución de la riqueza sean más equitativos- no solamente afrontan problemas reales, derivados de la crisis económica, sino que son cuestionados en los propios principios sobre los que se asientan.

El papel de la inversión pública como mecanismo eficaz para generar empleo se margina para dejarlo a una iniciativa privada que nunca llega.

Las experiencias del pasado no han convencido a los Gobiernos de que la paz sólo puede ser posible si se desecha la teoría de los bloques militares como pilares del intercambio político.

La derecha española, insaciable, a la que se han hecho concesiones que no merece, continúa luchando implacablemente para demoler toda medida justa y progresista del Gobierno. Todo ello justifica que desde la Unión General de Trabajadores salgamos este Primero de Mayo a la calle bajo el lema "Todos contra el paro", porque reclamamos una política de solidaridad real hacia los parados.

Queremos el cumplimiento del Acuerdo Económico y Social en todos sus términos, y por tal motivo reiteramos la necesidad de una negociación global de la reforma de la Seguridad Social y de que se haga efectiva la participación de los sindicatos en las empresas públicas y en las entidades gestoras.

Nos pronunciamos resueltamente por la erradicación del privilegio y el corporativismo, enquistados todavía fuertemente en la vida política de nuestro país.

Queremos, en suma, una sociedad más justa, y para ello nos opondremos firmemente a la reimplantación de una especie de darwinismo social que imperó durante tanto tiempo.

No escatimaremos el apoyo a este Gobierno, la única alternativa progresista que existe en nuestro país, en cuantas medidas puedan significar un mejoramiento del nivel de vida de los más necesitados. Pero estaremos, como siempre, atentos para enfrentarnos contra las desviaciones de un programa electoral que defendemos porque es también nuestro programa.

El Primero de Mayo, en fin, es una oportunidad propicia para un fraternal saludo a todos los trabajadores y reiterar la convicción de que sólo la unidad y la vertebración en torno a sindicatos fuertes y coherentes podrá lograr que la salida de la crisis nos lleve a una sociedad más justa y más solidaria.

Nicolás Redondo es secretario general de la UGT.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 1 de mayo de 1985