Una lección de esperanza
Se decía que Europa estaba enferma, encerrada en sus contradicciones, paralizada por sus conflictos de intereses, hundiéndose debido a sus excedentes y, sin embargo, al borde de la asfixia presupuestaria. Y, cierto, la CEE no ofrecía estos últimos años el espectáculo exultante que habían soñado sus padres fundadores, los Monnet, los Spaak, los Schuman de los años cincuenta, pese a que la realidad del trabajo realizado desde la firma del Tratado de Roma era considerable.¿Se debe, de repente, a la, inversa, imaginar resueltos todos los problemas y pasar del pesimismo más negro al optimismo beato porque los diez se han puesto de acuerdo para convertirse en doce? Sería ir demasiado deprisa y demasiado lejos. Muchos problemas quedan sin respuesta. Mejor dicho, sin respuesta satisfactoria para categorías profesionales, sociales y regionales, cuyos intereses no son desdeñables ni todas las inquietudes al respecto infundadas.
Sin embargo, ¿cómo no impresionarse por la lección de esperanza que los europeos acaban de dar? No hay, en el mundo actual, otras comunidades geopolíticas que puedan enorgullecerse de recibir tales candidaturas. Esta CEE, para la cual algunos no tenían sarcasmos bastantes duros y que ha dejado de encerrarse desde hace tiempo en la economía, es suficientemente atrayente para que dos jóvenes democracias afronten victoriosamente la carrera de obstáculos que había precedido a su adhesión. (...)
Importante para la Comunidad Económica Europea, la adhesión de Madrid y Lisboa lo es, naturalmente, para Portugal y para España. Solamente una década ha sido suficiente a uno de esos países y menos al otro para pasar de un despotismo envejecido a la edad de las democracias industrializadas. (...)
La ampliación de la CEE refuerza, por otra parte, la cohesión del campo occidental íntegro y los americanos deberían tenerlo en cuenta en sus relaciones económicas y monetarias con los europeos. Entre otras cosas, reduce el peligro de un referéndum negativo sobre la OTAN en España y tiende a hacer coincidir poco a poco los límites europeos de la Alianza Atlántica con los de la Comunidad.
Sin duda, el debate sobre la adhesión española y portuguesa no está cerrado, puesto que queda por ratificar el acuerdo en cada uno de los diez. En cuanto a la preparación de una conferencia intergubernamental sobre la unión europea, se puede prever que no estará exenta de controversias. Pero en una ruta donde no faltaron emboscadas, las vueltas peligrosas y los desánimos, la historia retendrá tal vez que los europeos se han comprometido de nuevo el viernes 29 de marzo de 1985 con un ánimo más resuelto.
30 de marzo


























































