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CARTAS AL DIRECTOR

Soy melillense,

hijo de melillense y nieto de un buen hombre que un mal día perdió la vida en el desastre del Barranco del Lobo. Con estos antecedentes no es aventurado suponer que mi pequeña historia está fuertemente ligada a esta hermosa ciudad en la que resido.He seguido con especial atención todo lo concerniente al programa de TVE sobre la entrevista al rey Hassan II y la reacción de cierto sector de conciudadaríos, con el señor Roldán al frente.

Comparto totalmente el contenido crítico del editorial de EL PAIS del pasado día 12, tanto en lo referente a la actitud del senador y sus adláteres como a, la vergonzosa actuación de los responsables de TVE, que mostraron con ello un total desprecio por su millonaria audiencia. Por eso quiero hacer constar que el pronacionalismo o el pro-no-se-sabe-bien-qué de un sector (que, sorprendentemente, no convoca manifestaciones de protesta por el desolador Gobierno/desgobierno que llevan a cabo nuestros políticos municipales) no es aplicable a la mayoría de sufridos melillenses que, aunque inquietos por muchas incertidumbres, seguimos teniendo la cabeza sobre los hombros y no nos dejamos arrastrar por el papanatismo de que a veces hace gala este país y del que, desgraciadamente, no se salva mi ciudad.

Propongo a este Gobierno y al próximo, sea del partido que sea, que de una vez por todas se decida a sentar las bases de una política responsable en relación con Ceuta y Melilla, es decir, que se empiece a negociar lo que haya de negociable y que se salvaguarden los legítimos intereses de sus habitantes, porque somos tan españolitos como los peninsulares, pero ¡ojo!, que se haga con realismo y dejando de lado sentimentalismos estériles y patriotismos trasnochados, pues, a fuer de ser sinceros, el talón de Aquiles de nuestra política exterior con el Magreb y países aledaños son estas dos ciudades, y van a serlo en mayor medida en un futuro no muy lejano. Mi opinión es que ambas plazas no son establecimientos coloniales (el señor Carrillo ha opinado con mucha ligereza al respecto), pero existe una realidad geopolítica que admite pocas dudas, y en los tiempos que corren no tienen cabida los numantinismos.

Más vale esa forma de encarar el problema que pasar por la poco honorable necesidad de vernos obligados a cruzar el charco deprisa y corriendo, como les ocurriera a muchos compatriotas durante la sorpresiva independencia (por la premura en concederla) de Guinea Ecuatorial en 1968 o la precipitada y vergonzante cesión del Sáhara español a Marruecos (que no a sus legítimos y ancestrales moradores) en 1975.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 28 de febrero de 1985