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Crítica:MÚSICA CLÁSICA

Eulalia Sole estrena en el Real una composición de Guinjoan

De nuevo una obra de Guinjoan en los conciertos sinfónicos madrileños, y de nuevo también el cambio de la obra anunciada en la segunda parte. En lugar de la Perséfona de Stravinski, la Orquesta Nacional volvió a Chaikovski para interpretar su Cuarta sinfonía, a escaso tiempo de la programación de la Quinta, que la misma orquesta ofreció en el último concierto de diciembre, y a menor distancia temporal aún de que la Sinfónica de Chicago toque la misma Cuarta en el Real. La primera ejecución de Perséfona por la Orquesta Nacional era uno de los alicientes de su temporada.El maestro Guinjoan, compuso su Concierto para piano y orquesta entre 1982 y 1983, y fue estrenado por la propia Eulalia Solé, a quien está dedicado, y la Orquesta Ciudad de Barcelona.

Ma mère l'oye (Ravel), Concierto número 1 para piano y orquesta (Guinjoan) y Sinfonia número 4, opus 36 (Chaikovski)

Eulalia Solé, piano. Orquesta Nacional de España. Director: Maximiano Valdés. Teatro Real. Madrid, 18 de enero.

Los antecedentes familiares de esta obra ahora presentada en Madrid son uno lejano, el juvenil Concierto para piano y orquesta de cámara de 1963, y otro más próximo, la Música para violonchelo y orquesta, escrita en 1975 y revisada cinco años después. El Concierto para piano, no obstante, puede considerarse completamente nuevo, original.

El sentido formal y concertante en esta obra está más atento a la tradición del concierto que a la de violonchelo, y en ella Guinjoan ha querido rendir tributo a las posibilidades virtuosísticas del piano, utilizándolo en toda su amplia gama de recursos técnicos, sin salirse de los que podríamos calificar de naturales.

El pensamiento musical del autor se vierte con comodidad en el proceso dialéctico solista-orquesta y la música fluye, siempre impulsada por el complejo papel del piano, con pujante y atractiva sonoridad.

Excelente partitura, que recibió una interpretación sobresaliente por parte de la pianista Eulalia Solé, dominadora tanto del espíritu de la música como de la letra. Su despliegue técnico hizo que la obra entrase por los ojos tanto como por el oído, obteniendo el viernes aplausos que, si no fueron excesivamente generosos, al menos fueron largos en comparación con la fría acogida que recibió Ma mère l'oye, tras una lectura correctísima pero un tanto mortecina y plana. Más meritorio fue el trabajo de orquesta y director en el Concierto... de Guinjoan y justo es destacar la entrega del maestro Valdés en el montaje de la obra de estreno.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de enero de 1985