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CARTAS AL DIRECTOR

La Violación y el incesto

No pudiendo extirpar la carga de conciencia que posó en mí un reciente artículo de Lidia Falcón, me veo obligado a abandonar mi cálido lecho de pasividad para remitir unas consideraciones. Deseo expresar mi solidaridad con aquellos seres humanos que padecer aún (y no son pocos) la humillación, la agresión, el abuso y la violación, sistemáticamente, en el seno de sus propias familias; deseo expresar la repugnancia que provocan en lo más hondo de mi espíritu esos moralistas, defensores de derechos humanos o humanistas que se exhiben de escaparate en escaparate, de feria en feria, y que calientan impunemente sus butacas en algún lugar aislado de los ruidos de la calle. Porque el machismo disminuye en este país sólo casi imperceptiblemente.Por otra parte, deseo exponer mi único punto de desavenencia con Lidia Falcón. Ignoro el valor científico o los poderes reguladores que ejerce el tabú del incesto en nuestra especie, pero a mí el incesto en sí ni me preocupa ni me escandaliza en absoluto. Si, es cometido entre individuos maduros y en plena libertad por ambas partes, francamente, no veo motivo punible alguno. Si algo me preocupa esencialmente es la agresión o el abuso en sí, algo que desgraciadamente siguen padeciendo frecuentemente las mujeres debido a la mentalidad machista.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 29 de octubre de 1984