Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Juegos de la 23ª Olimpiada de la Era Moderna

'¡Hey!' la selección se divierte

Anfiteatro de los estudios Universal, Hollywood. Once de la noche. Julio Iglesias termina su primera actuación, de las 10 que llenarán las 10.000 localidades del recinto en los próximos días. Lo mismo que al comienzo, suena su ¡Hey!, cantado a medias en directo y con un vídeo que aparece en una pantalla detrás del cantante. El sonido no ha sido especialmente bueno y ni siquiera la cinta grabada con Diana Ross enciende especiales emociones entre el público. Con su tono habitual, corta demasiado las canciones y no parece llenar al auditorio. Pero es igual. Hay unos 100 espectadores entusiasmados que se van levantando a aplaudir cada vez que se producen esos momentos de duda trascendental en que el cantante se retira a esperar que le reclamen y aprovecha para beber agua. En la fila de delante, un espectador muy alto, con sombrero de paja estilo Indiana Jones (En busca del arca perdida), es de los más efusivos. No salta y quizá por eso no le hace daño el pinzamiento de la quinta vértebra lumbar, que tiene a mal traer al baloncesto español. Es, naturalmente, Fernando Martín, que, al menos sí se divierte con Julio Iglesias, aunque esté sin fuerzas para jugar un torneo olímpico: "Me he entrenado sólo tres días en cuatro semanas. Y no puedo forzar, porque aún me duele. Cuando quiera coger la forma ya se habrán acabado los Juegos".La llave de la presencia baloncestística en la presentación de Julio Iglesias en Los Ángeles ha sido Toncho Nava, antiguo jugador madridista, y secretario del cantante. A las 6.30 horas, más de cuatro horas antes, Saporta esperaba intranquilo en el Atheneum de Pasadena, donde el Banco Exterior de España, su banco y patrocinador de la selección, ofrecía una recepción a la delegación española. Quizá temía que ocurriera como el día anterior, en que los autobuses de los deportistas se confundieron y no llegaron nunca a casa del cónsul. Y su nerviosismo, además, estaba justificado. Faltaba poco más de hora y media para llegar al espectáculo de Hollywood, y se necesitaba una para cruzar Los Ángeles por uno de los free freeways temibles, el Ventura.

Total que los muchachos de Saporta dejaron en la recepción a los tiradores, levantadores de peso y demás deportistas, y llegaron al anfiteatro Universal en un solo autobús, seguidos en automóvil por Saporta, junto a una conductora, y Segura de Luna, el presidente. Saporta, muy discreto, no estuvo nunca entre el centenar de espectadores entusiasmados por Julio, pero volvió a estar intranquilo al final, porque Toncho no terminaba. Y es que Toncho quería saludar a Julio, y Julio no paraba de recibir visitas, Bob Hope, Beach Boys y su amiga Waitiare, acompañada de mamá. El ex muchacho de Saporta, por fin, le dio a Julio la dirección de un restaurante. Allí estarían cenando poco después Saporta y sus jugadores de baloncesto. Se les acabó la diversión.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 29 de julio de 1984