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Roger Hollis, ex jefe del contraespionaje inglés, pudo ser el 'supertopo' de Moscú

Escritores y periodistas apasionados por la historia del espionaje británico han creído siempre que hubo un cuarto hombre, un supertopo, que trabajó desde finales de la segunda guerra mundial a favor de la Unión Soviética y que desde un puesto privilegiado dentro de los servicios de inteligencia protegió y ayudó a otros espías. Gracias a él, se decía, los famosos Kim Philby, Guy Burgess o David MacLean consiguieron huir a tiempo del país.La existencia del supertopo ha sido negada en repetidas ocasiones a nivel oficial, pero por fin parece haber quedado confirmada. Un ex agente del MI-5, Peter Wright, se ha decidido a hablar: "Estamos seguros al 99% de que el superespía era Roger Hollis". Hollis, que fue nada menos que el jefe del servicio de contraespionaje británico (MI-5) desde 1956 hasta 1965, no podrá confesar ni negar: murió hace 11 años rodeado de todos los honores.

Los bitánicos admiten desde hace muchos años el desagradable hecho de que sus servicios de inteligencia sufrieran entre los años cuarenta a sesenta una de las penetraciones más espectaculares de la historia. Uno tras otro, los espías fueron descubiertos, pero casi nunca pudieron ser detenidos.

El último episodio del escándalo parecía ser el de sir Anthony Blunt, asesor artístico de la reina, que colaboró durante los años cuarenta y cincuenta con Moscú y que luego consiguió un pacto con el MI-5 para que se olvidara su historia. En 1982, la primer ministra Margaret Thatcher denunció el pacto y Blunt pasó los dos últimos años de su vida en el más completo ostracismo, tratado de traidor por toda la prensa británica.

En 1981 apareció un libro sobre el MI-5 en el que se insinuaba que el superespía había sido sir Roger Hollis. Margaret Thatcher tuvo que reconocer ante la Cámara de los Comunes que Hollis había sido investigado en dos ocasiones. Sin embargo, explicó que no existían pruebas de que un agente soviético trabajara al más alto nivel en los servicios de contraespionaje. Hollis quedo limpio de sospecha. Ahora, las explosivas declaraciones de Wright han cambiado por completo el panorama. Thatcher tendrá que volver al Parlamento y tal vez se verá obligada a modificar lo que entonces aseguró.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 17 de julio de 1984