Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:Preparativos de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles

Ignacio Sola, 30 minutos de gloria en las alturas

Ignacio Sola fue, sin duda, el atleta español más destacado en México-68. Tuvo, durante media hora, el récord olímpico de salto con pértiga. Superó los 5,20 metros y mejoró así en 10 centímetros su propio récord nacional y la plusmarca establecida por el norteamericano Fred Hansen en los Juegos de Tokio-64. Llegó a pensar en una medalla, pero acabó noveno. Las tres medallas, con el título olímpico para el norteamericano Bob Seagren, se ganaron con 5,40, nuevo récord, y cinco atletas más saltaron 5,35 (dos), 5,30, 5,25 y 5,20. Actualmente, Ignacio Sola es director de marketing de una importante firma de material deportivo, está casado y tiene tres hijos, al mayor de los cuales le apasiona el baloncesto.

La final de salto con pértiga se disputó el 16 de octubre. A las 9 de la mañana, cuando comenzó la competición, ya hacía un calor sofocante. "Era un día de locos", recuerda Sola, "los entrenadores instalaron sombrillas y tiendas de campaña para proteger a sus atletas del sol. El estadio parecía un campamento". La competición, muy larga, pues terminó a las 22 horas, resultó muy dura y de gran altura, dadas las marcas obtenidas.

Después de los primeros saltos el listón se colocó a 5,15 metros. Ignacio Sola se daba por satisfecho con repetir la marca de 5,10 que había tenido que hacer para poder viajar a México. Le tocó ser el primero en intentar la nueva altura y la superó. "Sentí una alegría inmensa". Después, pusieron el listón a 5,20 y también lo superó. "Aquello fue inenarrable. Aunque consideraba que ya había cumplido, según pasaban los minutos iba pensando en que podía obtener una medalla. Al final, aunque satisfecho, esperaba haber quedado mejor".

¿Porqué no?. Durante media hora ningún saltador logró superar esa altura. La medalla podía llegar. Sin embargo, pasados 30 minutos, siete saltadores consiguieron superarle y un octavo, igualarle. Pero Ignacio Sola marcó un hito para el maltrecho atletismo español de aquellos años.

"En México-68", dice, "se superó por mucho la anterior marca de Fred Hansen, que saltó 5,10 metros en Tokio-64. Además de que la gente estaba mejor entrenada, pienso que ayudó mucho el material. Abandonar las viejas pértigas de fibra de vidrio por las nuevas y más sofisticadas de fibra de carbono, fue fundamental. A un nivel de tecnicismo como el que hay en unos Juegos Olímpicos esto se nota lo suficiente".

Lesión

Sola siguió dedicándose al atletismo durante año y medio más. Pero en 1969, a causa de una grave lesión en el tobillo izquierdo, decidió abandonar. "Perdí mucho tiempo con operaciones y recuperación, y eso me desconectó". Terminó sus estudios de aparejador, "pero nunca he ejercido. Lo mío es el deporte".

Sobre el futuro de los atletas de elite una vez que abandonan la competición, Sola dice que "no es tan difícil. Es fácil realizar una preparación para el futuro mientras se está compitiendo. Además hay salidas dentro del mismo deporte. Los de mi época, por lo menos, están perfectamente situados. Quizá porque el nivel intelectual en este deporte sea mayor que en otros y entonces no se ganaba un duro practicando atletismo". De hecho, él montó con un socio una fábrica de calzado deportivo en Madrid y, años después, la dejó para entrar en una importante firma internacional de material deportivo de la que, en la actualidad, es director de marketing.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 17 de julio de 1984