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Ruiz-Mateos: "Vuelvo a ser feliz, porque trabajo 10 horas diarias limpiando la cárcel"

José María Ruiz-Mateos, detenido en la prisión alemana de Preugensheim desde el pasado 25 de abril, recibió ayer, durante una hora, la visita de José María Sabater Codina y a su esposa, Misericordia (Cori) Miarnau Salvat, a los que manifestó que no guardaba rencor a nadie y que empezaba a ser feliz porque trabajaba 10 horas diarias limpiando la cárcel. El matrimonio Sabater declaró, a la salida de la prisión de alta seguridad de Francfort, que le habían dado a José María Ruiz-Mateos "el abrazo más emocionante de sus vidas". El ex presidente de Rumasa encargó a los Sabater que trasmitieran un mensaje personal suyo, cuyo contenido se desconoce, al juez Lerga, encargado del caso penal contra directivos del holding de la abeja y autor, por tanto, de la petición de detención y extradición.Tanto Cori Miarnau -a quien algunos medios informativos, denunciados por injurias ante el juzgado 24 de Madrid, relacionaron en marzo pasado con supuestas aventuras amorosas con Ruiz-Mateos en Viena y en Jamaica- como su marido, José Maria Sabater, se mostraron ayer "impresionados" por la entereza y la serenidad de su amigo José María Ruiz-Mateos tras dos meses y medio de cautiverio en la que calificaron como la prisión más dura de la República Federal de Alemania".

Ruiz-Mateos agradeció a la dirección de la prisión que le dejaran trabajar, aunque fuera en la limpieza del establecimiento, ya que, según él, "es lo único que ha sabido hacer durante toda su vida" y eso le ha devuelto la alegría. "La inactividad me consumía en la celda", manifestó a los Sabater. El fundador de Rumasa se levanta a las cinco y media de mañana y, una hora más tarde, comienza a trabajar hasta las cinco y media de la tarde, con media hora de descanso para almorzar.

A primera hora de la mañana, Ruiz-Mateos reparte agua caliente para que se afeiten los demás presos. A continuación, distribuye los desayunos por las celdas y luego recoge los platos sucios. A partir de entonces se dedica a barrer y fregar los pasillos de la cárcel y a limpiar los baldosines de las paredes hasta las cinco y media de la tarde, hora en que vuelve a encerrarse en la celda. "Esas horas de encierro e inactividad", ha manifestado el prisionero más famoso de Francfort, son las más duras".

Entre las declaraciones realizadas a los Sabater, a quienes Ruiz-Mateos califica como "mis amigos con mayúsculas" y a los que ha pedido que vuelvan a visitarle, destacan las siguientes: "No guardo rencor a nadie; mi fe es inquebrantable; acato y me resigno ante la voluntad de Dios; sufro mucho, pero estoy resignado; no conozco la depresión ni la desesperación". Los Sabater señalaron también que, según los abogados alemanes, hay muy pocas posibilidades de que los jueces concedan la libertad provisional solicitada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de julio de 1984