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"Burgos , codeándose con Arabia"

Aquélla era una década prodigiosa, y en este país, en junio de 1964, ocupaban las páginas de los periódicos El Cordobés, Carmen Sevilla y Farah Diba.La aparición del petróleo ocupó las portadas de todos los diarios. Los enviados especiales llegaron a la Lora en oleadas. Viaje al país del petróleo se titulaba una serie. "Éste es el Oklahoma burgalés'" decía un pie de foto. "Burgos, codeándose con Arabia" proclamaba un titular.

Lucio del Álamo escribía en Hoja del Lunes de Madrid: "Ahora cae el silencio sobre los análisis de los técnicos. No valen los versos, sino las fórmulas químicas. Pero, pensando en los mozos de Valdeajos -en tantos y tantos mozos de Valdeajos curvados sobre la corteza española-, está permitido soñar con el milagro. Al fin y al cabo, cuando los caídos de Beniurriaguel llamaban al comandante don Francisco Franco el hombre de la buena estrella no inventaban una leyenda: empezaban a escribir una biografía que aún no se ha cerrado". Relacionar el hallazgo del crudo con el afirmamiento del régimen fue muy habitual. José Luis Arrese, que había sido ministro de la Vivienda, dijo a Pueblo: "Desde un punto de vista económico y nacional, la existencia del petróleo en nuestro país sería el mejor regalo que Dios pueda hacer a España y al Caudillo al cumplirse los 25 años de paz". Rafael García Serrano escribía para Pyresa: "El sábado 6 de junio, antes de cenar, cuando el general Rodrigo nos dijo a sus vecinos de mesa 'se ha encontrado petróleo en Burgos', el corazón me pegó un brinco del tamaño de los que daba cuando, en otros tiempos, oía decir: 'Se ha ocupado Málaga', 'Han entrado en Barcelona', 'Se ha tomado Madrid'".

Un concurso de redacción y una fiesta

El alarde más espectacular en lo que a Prensa se refiere lo llevó a cabo La Gaceta del Norte, que tuvo, primero, tres enviados especiales, y después, 480 más. Éstos eran otros tantos escolares de colegios de Álava, Guipúzcoa, Vizcaya y Navarra que fueron seleccionados por sorteo y llevados de forma gratuita a la Lora en 12 autobuses para que participaran en un concurso de artículos sobre el petróleo, con premios de 1.000 y 500 pesetas, cantidades nada despreciables en la época.

Aquella excursión tenía su razón de ser. Una de las pruimeras polémicas del petróleo surgió a las pocas horas del hallazgo. Santander, por un lado, y Bilbao, por otro, pedían para sí, a través de sus políticos locales y de sus respectivos medios de comunicación, la refinería que a buen seguro había de hacerse para tratar aquel mar de petróleo burgalés. Los montañeses argumentaban que por el cauce del Besaya hasta Suances se necesitarían apenas 85 kilómetros de oleoducto, mientras que a Bilbao había 135. Los bilbaínos replicaban que aprovechar el recorrido del ferrocarril de La Robla reducía costes.

En Valdeajos, mientras tanto, se celebraba la aparición del oro negro con una gran fiesta, en la que se invirtieron las 8.000 pesetas que el pueblo había recibido de la compañía petrolera por el arriendo de 16.000 metros cuadrados de terreno por dos años. El cura de la localidad, Santos Aparicio, se acercó con su moto escúter hasta Barruelo de Santullán (Palencia) a contratar una orquesta por 1.600 pesetas. Fue el 13 de junio. Hubo lanzamiento de cohetes y volteo de campanas, misa cantada fons bonitatis y comida abundante: entremeses variados, arroz con pollo, lomo en salsa, cordero lechal, frutas variadas, tarta, café, licores y puro. Campsa regaló para el brindis final dos cajas de champaña, y la Cámara de Comercio e Industria de Burgos, una lámpara votiva en ofrenda a Nuestra Señora de Brañoseras, patrona de Valdeajos.

Otro regalo, éste de un particular, llegó por aquellas fechas: una imagen de san Norberto, cuya festividad se conmemoraba el día en que apareció el petróleo.

Un año más tarde, el 6 de junio de 1965, en Valdeajos se conmemoró el aniversario del petróleo con un partido entre solteros y casados. Ganaron aquéllos por 1-0. Se sacó al donado san Norberto en procesión, se jugaron bolos y hubo baile. Debió ser la última celebración pública del petróleo de la Lora. Ahora, 20 años después del hallazgo, sólo muy de tarde en tarde se encuentra uno por la provincia, en algún coche con muchos años, una pegatina que dice: "Burgos, capital del oro negro". El tiempo ha dado al plástico el color amarillento del olvido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de junio de 1984