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Cartas al director

La ausencia de Gabo

Creo ser uno más de los lectores diarios de EL PAIS para los que su lectura tenía los miércoles un aliciente adicional a los ya habituales. Podía consistir éste en acompañar a una tal María en sus infortunios por carreteras y hospitales, sumergirse en los tortuosos ambientes portuarios de Cartagena de Indias para sorprender una pelea de gallos y descubrir lo insólito en sus burdeles o recorrer una vez más las calles de Aracataca y Macondo en busca de un cierto coronel sobre el que flota el olvido.Pero aún más: humanas anécdotas sobre personajes y líderes de nuestro tiempo, turbios manejos de poco inteligentes agencias centrales y hasta crónicas de visados de no-entrada en países supuestamente defensores de valores hoy por desgracia poco anunciados.

Daba igual. Hasta un recorrido por el diccionario podría convertirse en una experiencia excitante y un repaso por la música y la literatura universales un nuevo descubrimiento de viejos olvidos. Pienso que Gabriel García Márquez sería capaz de hacernos amena, imaginativa y hasta fuente de cultura la lectura de la guía telefónica de cualquiera de nuestras ciudades.

Ignoro la razón por la que se nos ha privado a los muchos seguidores del nobel Gabo del placer que la lectura semanal de su tribuna nos proporcionaba, oasis muchas veces, y ejemplo siempre de armonía entre arte y compromiso, imaginación y sentido común, cultura y entretenimiento.

Sigo acudiendo los miércoles al quiosco, con la ilusión de reencontrar en este año, al fin lluvioso, levitando al cándido patriarca. /

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