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XIV Juegos Olímpicos de Invierno en Sarajevo

William Johnson, primer americano que gana la prueba de descenso en la historia de los Juegos de Invierno

Estados Unidos y Suiza igualaron a dos victorias en el esquí alpino olímpico tras la disputa, al fin, de los dos descensos. En las pruebas reinas de ayer se impusieron dos esquiadores incorporados; a la elite esta temporada, confirmando que en los Juegos Olímpicos no siempre gana el mejor sino el más inspirado en ese momento. Si la norteamericana Armstrong dio el lunes incluso una mayor sorpresa al vencer en el eslalon gigante, su compatriota William Johnson, ganador de la última Copa de Europa, pero que sólo saltó a la fama mundial este año con su triunfo en el Launberhorn el 15 de enero, se impuso a la armada suiza y austríaca, a 104,5 kilómetros por hora. Es el primer americano, en la historia de los Juegos, que gana una medalla de oro en la prueba de descenso. Las helvéticas, con la casi nobel Michaela Figini, primera, dominaron la prueba femenina.

Estados Unidos, con el triunfo de Johnson y el esperado de su campeón mundial (en Helsinki-83) de patinaje artístico, el pequeño Scott Hamilton, levantó ayer la cabeza un poco más en unos Juegos Olímpicos que sin Eric Heiden en el patinaje y con un equipo de hockey hielo todavía campeón olímpico, pero que sólo jugará para el séptimo puesto, estaban bien lejos de los buenos resultados obtenidos en su casa de Lake Placid hace cuatro años. El esquí alpino les está dado una gran renta, la misma que a Suiza, en detrimento de una Austria en clara baja y de Canadá, que ni siquiera puede echar mano de sus individualidades.Johnson (1,75 metros y 77 kilos) estaba entre los 10 favoritos de una carrera muy abierta; ya había mostrado su gran forma en los entrenamientos con el segundo mejor tiempo, tras el suizo Zurbriggen. Cumplirá 24 años a finales de marzo, nació en Los Ángeles, pero empezó a esquiar en Oregón, y le encanta practicar la plancha a vela. Su primer día de gran gloria fue hace poco más de un mes en Wengen (Suiza), donde ganó el clásico y famoso descenso del Lauberhorn.

Johnson, con su estilo agresivo como todos los esquiadores norte americanos, fue el que esquió más redondo (como el pedalear en ciclismo de los grandes contrarelojistas). Además de ajustarse al trazado en las curvas, se mostró el más seguro en los planos, con aterrizajes más perfectos en los tres saltos a que obligaba el recorrido a los 1.15 minutos de carrera (salto de unos 10 metros), a los 1.30 (de unos 20 metros) y a los 1.35 (el más impresionante, de unos 30 metros). Ahí se decidió la prueba, pues en el paso intermedio hicieron el mejor tiempo el propio Steiner (1.05.96 en el tiempo parcial) y el suizo Mueller (1.06.12), segundo al final porque tuvo dos desequilibrios claves tras los saltos.

Decepción de KlammerOtro suizo, el líder de la Copa del Mundo, Zurbriggen, hizo 1.06.21, pero también lo estropeó al final. En el gigante se cayó y aquí sólo fue cuarto. Su regularidad y mejoría en el descenso este año no le va a permitir, sin embargo, ganar algún título olímpico individual. Johnson logró 1.06.40, como el segundo austriaco Hoeflehener, quinto, porque también bajó al final.

La mayor decepción austríaca, con todo, estuvo en Franz Klammer, décimo a 1.45. Nunca estuvo en carrera ya con su mal tiempo al salir en tercer lugar, tras Zurbriggen. El canadiense Podborski, bronce en Lake Placid y del que siempre se puede esperar un gran día, tampoco pasó de octavo, a un segundo del ganador.

El egipcio El Reedy superó todos los récords de incompetencia en un descenso olímpico. Si ya se decidió no incluirle en el sorteo de los puestos, porque podría ser alcanzado por algún participante, su tiempo, el peor, fue similar al de dos competidores. Se cayó, se puso el esquí que había perdido y continuó. Finalizó en 3.13.86, es decir, a 1.28.27 de Johnson.Suiza, al copoEvitó la gesta del iraní Kalily Kalhor que en un eslalon de unos pasados juegos fue adelantado por miembros de la organización. Bajó en posición de cuña, como un aprendiz. A raíz de esto, un grupo de esquiadores castellanos fundó un club llamado Kalily.

Suiza se tomó la revancha de su derrota masculina y dominó de forma casi absoluta el descenso femenino. Colocar a tres de sus cuatro corredoras entre las cuatro primeras clasificadas fue suficientemente significativo. Si no llega a ser por el magnífico recorrido final de la checa Olga Charvatova (mejor tiempo intermedio, con 48.86) las tres medallas hubieran sido para las helvéticas. Sólo se quedó fuera Ariane Ehrat, pero Michela Figini ganó el oro y Maria Walliser, la plata.

La técnica de Michaela Figini (18 años en abril) pudo con la potencia de María Walliser (21 años), ambas a más de 94 kilómetros por hora. Ambas corredoras son de físicos idénticos, 1,68 metros y 62 kilos, pero Figini, que prácticamente se ha pasado este año del gigante al descenso, esquió mejor. Su compatriota Walliser, más curtida y líder de la clasificación actual del descenso en la Copa, cometió el error inicial de desequilibrarse casi en la misma salida, y sobre todo, coordinó peor al final los aterrizajes y el deslizamiento en el plano.

Ahí estuvieron las cinco centésimas que la separaron, pues Walliser, pese a su primer error, hizo 49.02, por 49.05 de Figini en le paso parcial. Ehrat, cuarta, perdió en la segunda parte más tiempo tras los prometedores 49.08 de la primera manga.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 17 de febrero de 1984

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