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Desacuerdo en la ´cumbre´ de Atenas

La CEE saldó con un fracaso sus intentos de resolver los problemas internos y dar una salida a la ampliación

La crisis más grave de la Comunidad Económica Europea se abrió ayer oficialmente en Atenas al haber concluido sin acuerdo la reunión del Consejo Europeo de jefes de Estado y de Gobierno. Por vez primera se rompió la tradición de esconder la falta de consenso. Se optó por explicar públicamente que las diversas tentativas de cuajar acuerdos sobre política agrícola y reforma presupuestaria habían desembocado en un "fracaso". No hubo comunicado final, La petición del Gobierno español de que se fijase fecha para el ingreso en la CEE no fue discutida formalmente, si bien estuvo planeando sobre la reunión de los diez. La propuesta de la presidencia griega del consejo sobre la ampliación, asumida por Francia, consistía en "acabar las negocaciones el 30 de septiembre de 1984". "Pero invitar a España y Portugal ahora", manifestó Andreas Papandreu, "constituirá un desafío,ya que la Comunidad no está en condiciones de resolver sus problemas". Gaston Thorn, presidente de la Comunidad Europea, ha convocado para hoy una reunión extraordinaria de este órgano ejecutivo.

ENVIADOS ESPECIALESEl presidente francés, François Mitterrand, aseguró que era favorable a la ampliación, pero que defendía con igual ahínco los "justos intereses de los productores y agricultores" de su país. Mitterrand habló de dar "en breve plazo" una respuesta negativa o positiva al anhelo de España y Portugal de ingresar. El presidente de la Comisión Europea, Gaston Thorn, dijo que la crisis abierta en la CEE tenía un carácter "existencial". La falta de acuerdo sobre el aumento de los recursos propios prefigura una crisis financiara para el año próximo.

"Este hecho es impresionante: no hemos logrado ponernos de acuerdo sobre ninguno de los puntos de la actividad de la CEE, y particularmente sobre ninguno de los puntos de su actividad económica", sentenció en tono grave Andreas Papandreu, primer ministro griego, que presidió los tres días de reunión de la cumbre europea, clausurada ayer. Por primera vez en lo que se viene a llamar Consejo Europeo de Jefes de Estado y de Gobierno, los diez se separaron sin una sola línea de comunicado final. "Es la crisis más grave de la Comunidad", enfatizó el presidente de la Comisión Europea, Gaston Thorn.

Todos los mandatarios se refirieron explícitamente al fracaso de esta reunión. Pero quizá la valentía de reconocer públicamente la falta de acuerdo y no arroparla con buenas y vacías palabras es un signo de que los diez han comenzado a plantearse con seriedad los problemas. La crisis ha tocado fondo. Tanto que Papandreu mencionó la necesidad de convocar una reunión como la de Mesina, que en 1955 creó las condiciones para el nacimiento de la CEE.

La apatía era tal que ni siquiera se produjeron los enfrentamientos tan duros de otras ocasiones entre la Dama de Hierro (Margaret Thatcher) y el Hombre de Mármol (François Mitterrand). Todo quedó en pequeñas escaramuzas dialécticas.

Debates técnicos

Los debates, si se pueden llamar así, giraron en torno al problema de la contribución británica, el control de los desbordantes gastos agrícolas y el aumento de los recursos financieros de la comunidad, al borde de la asfixia presupuestaria. La CEE, en efecto, puede agotar sus fondos en 1984, año, además, de elecciones al Parlamento Europeo. El presidente de éste, Piet Dankert, manifestó que "Atenas es, de hecho, la manifestación de la parálisis de la Comunidad", y pidió un mayor papel para su Parlamento. La lucha institucional está ya plenamente abierta. El próximo día 15, el Parlamento Europeo decidirá sobre el presupuesto para 1984 "a la luz de la apreciacién que hará de los resultados" de Atenas.

Aquí, todos se mantuvieron en las trincheras que habían cavado el primer día y nunca llegó a arrancar realmente una negociación en regla. Varias delegaciones se mostraron al final apesadumbradas de no haber hecho concesiones para salvar el enésimo acuerdo propuesto por los griegos. Pero el arrepentimiento llegó tarde.

Los efes de Estado y de Gobierno, uno tras otro, se quejaron con arriargura de tener que abordar temas técnicos -como los montantes compensatorios monetarios o la suspensién de la intervención para 12. leche en polvo descremada-, cuando ellos están en el mundo para dirimir asuntos de alta política. Así, su irritación creció en la primera jornada, dedicada exclusivaniente a discutir el orden del día y, la reforma de la protección al sector lácteo.

Nadie en público quiso culpar a nadie, pero muchos dedos, entre ellos franceses, apuntaban a Margaret Thatcher, acusándola de rigidez. La Dama de Hierro insistió una y otra vez en plantear, como condición previa a un acuerdo sobre el paquete de la cumbre de Stuttgart, que se llegara a una solución permanente al problema de la contribución británica al presupuesto de la CEE, que Londres considera excesiva en relación a lo que saca. Los otros nueve reconocen la existencia del problema, pero no logran un consenso sobre su resolución.

Los británicos acusan, principalmente a Francia y a Italia, de no querer reducir seriamente los excedentes agrícolas, sino, por el contrario, "buscar nuevos y crecientes impuestos para financiar crecientes excedentes", según manifestó Thatcher. El problema no tiene asideros, pues en esta negociación -subvenciones agrícolas, aumento de los recursos propios, su distribución, la ampliación- todo está ligado. La verdadera llave la tiene la RFA, que con su riqueza controla el caudal de unos fondos que no quiere abrir sin garantía de mayor racionalización en el gasto.

Varias concepciones

Para Gaston Thorn, se ha evidenciado "la ausencia de una concepción común de lo que es la Comunidad" en un momento histórico de crisis económica. Para Papandreu, no ha habido adaptación de la antigua "Europa de los seis, la de la prosperidad, a la Europa de hoy, polarizada entre ricos y pobres".

El fondo del debate estriba en la oposición entre dos concepciones: una Europa liberal y puramente comercial (la británica) y una Europa proteccionista (la francesa). Pero si los participantes en esta bochornosa cumbre hablaron de "limpiar las escorias del pasado", como dijo Wilfried Martens, no llegaron nunca a plantearse un relanzamiento de la comunidad. Daba la sensación de estar en un mercado en el que cada uno sólo quería ganar lo suficiente para ese día y en el cual "toda cuestión se convierte en pretexto de conflicto".

Como dijo Papandreu, tras manifestar que "si la tarta es pequeña, cada trozo será más pequeño".

Tras 27 reuniones de estos consejos europeos, se cuestiona su eficacia. Desde la crisis de Dublín de 1979, no han logrado dar un solo paso hacia adelante en la construcción europea. Thorn se quejó de la necesidad de recurrir a la unanimidad para lograr un acuerdo. Pero en los pasillos también cundieron las críticas contra una comision europea que en tenas ha sido incapaz de aportar nada sustancial a los debates.

Incapacidad institucional

Así como en los años sesenta la Comunidad se vio abocada a una crisis de voluntad política cuando el general De Gaulle paralizó la vida de esta institución con su política de silla vacía por motivos nacionalistas, la CEE se ve ahora paralizada por un problema de incapacidad institucional. Mitterrand está sopesando la posibilidad de convocar una cumbre extraordinaria en enero, de la que Thatcher no se muestra partidaria, pues prefiere los canales normales de negociación.

Todo el mundo alabó los esfuerzos de la presidencia de la CEE tal y como la llevó Grecia, y que a partir del 1 de enero ostentará Francia. Ésta comenzará su labor sobre la base de la última propuesta de compromiso que dejaron los griegos sobre la mesa.

Las ruinas de Atenas es el título significativo de una ópera de Beethoven. Compuso su apertura, pero nunca la culminó. Ésta es la visión pesimista, que contrasta con los optimistas, para quienes "todo parto es largo, sobre todo el de un elefante con larga memoria". Así, los esfuerzos de cinco meses de consejos especiales preparatorios, que congregaron a 30 ministros a la vez, pueden no haber sido vanos. "No es sorprendente que hayamos tenido que celebrar esta reunión para poder convocar otra con éxito", profetizó Margaret Thatcher.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de diciembre de 1983

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