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Casi tres kilos de cocaína entre un libro sobre la vida, una calabaza y joyas bolivianas

Una norteamericana de 37 años, residente en Ibiza, fue detenida ayer por la mañana en el aeropuerto de Barajas, cuando pretendía introducir en España un alijo de 2,800 kilogramos de cocaína, valorado fiscalmente en 45 millones de pesetas. Con la operación de ayer, la cantidad de cocaína incautada en Barajas en 1983 se eleva a 104 kilos, cuyo valor fiscal es de unos 1.700 millones de pesetas, aunque el precio para el consumidor habría alcanzado entre cinco y diez veces superior. El aeropuerto internacional de Madrid se ha convertido en uno de los puntos claves del tráfico europeo de este estupefaciente, según informa la Guardia Civil de la aduana del aeoropuerto, autora de estas incautaciones.

Susan Jean Vorsbourg, soltera y diseñadora de profesión según su pasaporte, llegó al aeropuerto internacional de Madrid a las 11.30 horas en un vuelo de Aeorolíneas Argentinas que había partido de Buenos Aires ocho horas antes. Su aspecto era desenvuelto y elegante.Por alguna razón, un gesto extraño de la mujer, una intuición de funcionario veterano o una información previa, la Guardia Civil de la aduana de Barajas sospechó que el equipaje de Susan Jean Vorsbourg podía contener un alijo de drogas, por lo que tanto la viajera como sus maletas fueron apartadas a un cuarto y sometidas a un registro. Los responsables del servicio fiscal de Barajas han explicado que prácticamente en ninguna ocasión han roto una maleta sin que se confirmara su sospecha de que ocultaba un alijo de drogas.

Sobre un sofá estaban las prendas personales de la detenida: ponchos y jerseys de lana, un libro de bolsillo titulado Life, the universe and everything (La vida, el universo y todo), de Douglas Adams, una calabaza negra del tamaño de: una manzana grande, de las que usan los argentinos para beber mate, y un estuche de una joyería boliviana que contenía un broche de plata con la representación de dos llamas, los animales típicos de la altiplanicie suramericana.

Identificación química

Esté último detalle hizo pensar a la Guardia Civil que la presunta traficante procedía, en realidad, de Bolivia, país productor de cocaína, y que la escala en Buenos Aires no había sido sino una táctica para intentar despistar a los aduaneros. Al primer golpe de vista, la Guardia Civil observó que las costuras de las paredes laterales y de los fondos de las maletas parecían menos desgastadas que el resto y procedió a descoserlas. Entonces aparecieron seis planchas de zinc, tres por maleta, de unos 70 centímetros de largo, 10 de ancho y algo más de uno de espesor. Las finísimas placas metálicas estaban atornilladas con 100 pequeños remaches cada una y recubiertas de esparadrapo en sus bordes. Dentro había una bolsa de plástico que transparentaba un polvo blancuzco. Los especialistas del servicio antidrogas de la Guardia Civil sacaron de una maletita una bolsa de plástico con dos ampollas de líquido transparente. Al mezclarlo con el polvo, la solución tomó un color azulado: era cocaína, de elevada pureza.Según la impresión de los autores del descubrimiento de la droga, Susan no es más que un correo, una persona encargada de transportar la mercancía por cuenta de los financiadores de la operación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 1 de diciembre de 1983

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