Masiva participación en el entierro del joyero muerto el lunes

Varios miles de personas se concentraron ayer en el cementerio de la Almudena para asistir al entierro del joyero Pablo Perea, asesinado el lunes por la tarde en su establecimiento de la calle Tribulete, en el barrio de Lavapiés, por tres atracadores que se apoderaron de objetos valorados en cuatro millones de pesetas. La mayor parte de las joyerías de la ciudad cerraron sus puertas a mediodía para permitir a los empleados asistir a las honras fúnebres.El cortejo partió del Instituto Anatómico Forense, donde había quedado instalada la capilla ardiente, poco antes de la una de la tarde. La afluencia de personas que acudían a testimoniar el pésame a la familia, en su mayor parte compañeros de trabajo, hizo necesaria la intervención de la Policía Nacional y la Policía Municipal para regular el tráfico. Entre otros, se trasladaron a la capilla ardiente José Antonio Segurado, presidente de la Confederación Empresarial Independiente de. Madrid (CEIM), y Manuel Cruz, presidente del Gremio de Joyería.

Pablo Perea recibió un disparo de pistola en el pecho cuando se encontraba de pie, inmediatamente después de que los atracadores hubieran ordenado a todos los presentes en el establecimiento que se arrojasen al suelo. Fuentes del gremio de joyería indicaron ayer que en los próximos días es probable que se produzca algún acto, de protesta por el suceso, que consistiría posiblemente en una manifestación o un cierre de establecimientos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 02 de noviembre de 1983.

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