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Margaret Thatcher acepta la dimisión de Parkinson, su ministro adúltero

Todos los esfuerzos de la primera ministra británica, Margaret Thatcher, para mantener en el Gobierno a su delfín favorito, Cecil Parkinson, pese al escándalo familiar en el que se halla envuelto, se fueron al traste ayer con la inesperada publicación de unas declaraciones de la mujer que espera un hijo suyo, Sarab Keays. Parkinson se vio obligado a presentar la dimisión y Thatcher a aceptarla inmediatamente.

El momento no podía ser más inoportuno porque coincidía con la sesión de clausura del congreso del Partido Conservador, que se ha venido celebrando durante toda la semana en Blackpool. Sin embargo, la primera ministra arrancó del congreso, en su despedida, una de las ovaciones más apoteósicas de su carrera, de más de 15 minutos de duración.El escándalo Parkinson estalló pocos, días antes del inicio del congreso, pero Margaret Thatcher creyó que podría superarlo sin necesidad de que el ministro de Comercio e Industria y ex presidente del partido presentara la dimisión.

El recibimiento que le tributaron los congresistas no fue, sin embargo, el esperado, tal vez porque pocas horas antes una jerarquía de la Iglesia de Inglaterra, el obispo de Bath, había pedido la dimisión de Parkinson afirmando que alguien que no es capaz de ordenar dignamente su vida privada difícilmente podía ordenar la pública.

La gran mayoría de los delegados otorgó al ministro una ovación amigable, pero no calurosa. Parkinson cometió además el error de mencionar en su discurso a su mujer y a sus tres hijas, dándoles las gracias por su apoyo. Su esposa, Ann, sentada detrás de él, aplaudió con fuerza, pero en medio de sollozos.

El ministro creyó -al menos eso pudo desprenderse de sus inmediatas declaraciones a la televisión- que el espectáculo público de su arrepentimiento sería suficiente para calmar los ánimos y que poco a poco el escándalo se olvidaría. Pero no contó con la reacción de Sarah Keays ante un editorial del diario Daily Telegraph, conocido por su apoyo a los conservadores, en el que se decía que la ex secretaria de Parkinson debía haber abortado para evitar el escándalo y la ruina política de su ex amante. Keays, que parece tener una fuerte personalidad y qué es también miembro del Partido Conservador, ofreció a The Times una declaración en exclusiva en la que afirmaba que razones políticas no pueden justificar un aborto y en las que reitera que el ministro le prometió casarse con ella en numerosas ocasiones, la última, el pasado mes de agosto.

A las dos de la madrugada de ayer, viernes, Cecil Parkinson despertó a la primera ministra para informarla del contenido del diario, y a las 7.45 fue convocado por Thatcher y presentó la dimisión.

La noticia cayó como una bomba entre los delegados y distrajo la atención hasta el extremo de que el discurso del ministro de Asuntos Exteriores, sir Jeoffrey Howe, pasó prácticamente inadvertido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de octubre de 1983

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