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Cartas al director

Sillas de oro

Soy padre de un niño de ocho años, disminuido físico y mental. En este momento su medio de locomoción, la silla, se le ha quedado pequeño. Necesita otra mayor y con características especiales, de posición y tamaño fundamentalmente, por lo cual me dirijo a la ortopedia situada en el número 25 de la calle de Carretas. Cuál,no sería mi sorpresa cuando tras una serie de contradicciones y frases de tanteo, precios ("Eso le va a costar mucho dinero"), me comunican que el precio de la silla ascenderá a 80.000 pesetas.Teniendo en cuenta que el niño continuará creciendo y necesitando sillas sucesivamente mayores, resulta que el tema sólo sería asequible para determinados bolsillos. Yo me pregunto: ¿Será ése el coste real de la silla? ¿No será que el minusválido, cliente forzoso de las ortopedias, es una especie de gallina de los huevos de oro para desaprensivos? Espero que se tomen las medidas oportunas para que en el futuro no se incremente así la marginación que padecen estas personas. /

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