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Fuerte incidencia de la segunda jornada de huelga general en los servicios públicos de Bélgica

La huelga general de los servicios públicos belgas prosiguió ayer, en protesta contra los recortes presupuestarios anunciados por el Gobierno de coalición democristiano-liberal. Lo que había sido un movimiento espontáneo en el sector de los transportes se extendió formalmente en los dos últimos días al resto de los funcionarios y empleados públicos, con el apoyo de las principales centrales sindicales. En un intento de encontrar una solución, ayer tarde comenzaron las negociaciones entre el Gobierno y los sindicatos, pero se temía que la huelga seguiría hasta después del fin de semana.

Si el aeropuerto de Bruselas estaba abierto, con ciertos retrasos y cancelaciones de algunos vuelos, los servicios de trenes y autobuses estuvieron paralizados. Sólo funcionaba una línea de metro.

Las administraciones central, regional y municipal estaban en desbandada, con las basuras acumulándose en las calles. El correo no era distribuido y la radio y la televisión sólo ofrecían un número limitado de servicios informativos. También los puertos estuvieron bloqueados, los ayuntamientos cerrados y muchas escuelas no impartieron clases.

A pesar de las advertencias de los líderes sindicales de que "llevarían la huelga hasta el final", el primer ministro en funciones, Jean Gol, desmintió los rumores de que la coalición gubernamental pudiera caer.

"Eso está tan lejos como la Luna", dijo a los periodistas antes de iniciar las conversaciones con los líderes de los mayores sindicatos del sector público.

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