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Reportaje:

El viaje a Ias estrellas de Sally Ride

El 4 de junio se lanzará el transbordador espacial STS-7 y, por primera vez en Estados Unidos, una mujer estará a bordo

Cuando el transbordador espacial norteamericano STIS-7 sea lanzado, el próximo 4 de junio, en una misión de seis días de duración, Sally Ride, la primera mujer norteamericana que viajará en el espacio, se encontrará a bordo. Ride logró convertirse en candidata a astronauta en 1978, cuando tenía 27 años. Tras varios años de riguroso entrenamiento Ride ha superado la nueva frontera americana que impedía a las mujeres acceder al espacio. Sus compañeros del centro espacial Johnson, en Houston (Texas), tuvieron que modificar parte de sus costumbres cuando ella y otras cinco mujeres llegaron, recuerda Ride. "No sabían cómo bromear con nosotras", dice. En este extracto de un trabajo publica do en la revista Ms., Ride explica cómo ha influido en la NASA la llegada de mujeres.

En 1978, seis mujeres alcanzaron la frontera más nueva de Estados Unidos, la del viaje espacial. Una de ellas era Sara Kristen Ride, entonces de 27 años de edad, doctora en Física por la Universidad de Stanford (California). El próximo 4 de junio, cuando el séptimo transbordador espacial norteamericano (STS-7) sea lanzado para una misión de seis días, la tripulación del Challenger estará formada por Robert Crippen, comandante; Rick Hauck, piloto, y Sally Ride y John Fabian, especialistas de misión. Sally Ride será la primera mujer norteamericana en el espacio. Ella será la ingeniera de vuelo.En 1960, la Administración Nacional para la Aeronáutica y el Espacio (NASA) investigó discretamente sobre la conveniencia de enviar mujeres al espacio. 13 mujeres piloto de primera clase, encabezadas por Jerrie Cobb (que tenía más horas de vuelo que John Glenn), pasaron por pruebas torturadoras, fisicas y psicológicas, que ya habían sido utilizadas con los hombres del proyecto Mercury en 1959. Las mujeres pasaron los test tan bien al menos como los hombres. Cobb fue enviada a la Escuela Naval de Aviación de Pensacola (Florida). Poco después, todas las mujeres fueron apartadas bruscamanete del programa.

A medida que fueron pasando los sesenta, sin embargo, los planificadores de la NASA fueron adoptando una óptica distinta sobre el futuro del viaje espacial. El espacio exterior proporciona unas condiciones de laboratorio ideales para una amplia variedad de proyectos. En condiciones de ingravidez, por ejemplo, se pueden sintetizar vacunas y sueros con mayor pureza que en la tierra. A mediados de los sesenta, la NASA pidió solicitudes de científicos-astronautas no pilotos, a lo que respondieron varias mujeres. Ninguna de ellas se calificó.

En 1977, la NASA anunció otra selección de astronautas. En Stan ford, Sally Ride, que estaba culminando su doctorado, con una tesis sobre la astrofisica de los rayos X y estudiando las posibilidades de investigación Posdoctoral sobre la fisica del láser, abrió el periódico de la universidad y halló un anuncio -puesto por el centro femenino- sobre la selección de astronautas. "No sé por qué quise hacerlo. Lo único que sé es que estaba en camino para presentar la solicitud mientras leía la noticia".

Los 208 finalistas (incluyendo a 21 mujeres y a 15 hombres de minorías étnicas) llegaron al centro espacial en grupos de 20, preparándose para lo peor. Sally se encontró con exámenes médicos muy completos, que incluían una prueba de resistencia -lo que no era problema para una mujer que corría cinco millas (unos 7,5 kilómetros) diarias-, más conférencias sobre qué era ser astronauta. También fue entrevistada por dos psiquiatras.

Y finalmente, la entrevista de una hora de duración, de diez en diez, con el comité de selección.

Cuando terminó el proceso selectivo, Sally Ride era una de las 35 personas -hombres y mujeres- elegidas para llegar a ser astronautas. Las seis mujeres ascans (astronautas-candidatas durante el primer año) son especialistas-científicas de misión.)

"Bueno, creo que en realidad no sabían exactamente qué hacer con nosotras", dice Sally, comentando la reacción de los veteranos ante las seis mujeres en la base. Las mujeres no tuvieron oportunidad de formar un grupo unido. "George Abbey tuvo mucho cuidado al respecto, al distribuir sitios de trabajo y cosas así.

No todos los hombres se acomodaron tan fácilmente con el cambio. El veterano del proyecto Apolo, Al Bean, designado al entrenamiento de los nuevos reclutas, confesó al periodista Lawrence Wright, del Texas Monthy, que él y otros pensaron que se estaba enviando mujeres a hacer un trabajo de hombres. Los vehículos espaciales y las computadoras, según Bean, eran "cosas de hombres". (Sally había dedicado la mitad del tiempo, en la facultad, a trabajar con computadoras.) La actuación de las mujeres le hizo cambiar de opinión. "Realizan tareas mentales y físicas tan bien como los hombres", decidió Bean.

Sólo hubo que hacer unas pocas modificaciones físicas -aparte del lavabo de señoras en el gimnasio- para las mujeres. Los asientos de la cabina espacial fueron diseñados para deslizarse más, como asientos de automóvil, para acomodar las piernas más cortas de las mujeres.

Para astronautas masculinos, los urinarios eran sencillos: una manga flexible con diámetro ajustable, algo parecido a una aspiradora. Para conseguir un urinario unisex se incluyó un añadido con una boca más ancha, que se adapta herméticamente. Esto es importante, porque en condiciones de ingravidez cualquier gota que caiga quedará flotando en la cabina.

Mientras estén en la cabina, los astronautas llevan camisetas y pantalones azules. Aunque se ha modificado el urinario femenino, la ropa sigue siendo la misma. Las mujeres tendrán que seguir bajándose los pantalones. "Creo que hay algo así como una cortina con la que podremos taparnos", dice Sally, a quien evidentemente esto no le preocupa gran cosa.

Entrenamiento intenso

El entrenamiento de hombres y mujeres especialistas de misión ha sido igual de intenso. Empezaron inmediatamente volando en el reactor T-38 de las Fuerzas Aéreas, a fin de aprender los sistemas de radio y navegación y de empezar a experimentar las fuerzas-g, las dosis en aumento de atracción de la gravedad durante una subida rápida, que pueden hacer perder el conocimiento a alguien sin práctica. El T-38, un biplaza de entrenamiento, tiene controles dobles y, a medida que va aprendiendo, el -o la- ascan en el sitio de atrás puede pilotar a veces el aparato. A Sally, que no tenía experiencia previa, le gustó volar y tiene ahora un permiso civil.Durante la mayor parte del año, los ascans estudiaron el manual del navío espacial que confiaban en ocupar. El panel de control tiene unos dos metros de envergadura y está cargado con lo que parece un millar de pestañas de lata de cerveza. Cada pestaña corresponde a una función esencial y los especialistas de misión tienen que conocerlas todas.

Al finalizar el primer año de entrenamiento, los ascans se convierten en astronautas. Sin embargo, Sally dice de sí misma que está "en la oficina, de astronautas". Aún faltan años, de entrenamiento antes de que nadie tenga la oportunidad de volar.

Además de entrenarse para vivir y trabajar en el navío espacial, los astronautas aplican asimismo sus diversas pericias a las diferentes áreas del vehículo, trabajando en los programas de las computadoras, por ejemplo, o en el sistema de reciclaje. Todo el mundo tiene una función. Una de las especialidades de Sally es extender el brazo, una grúa complicada de unos 17 metros de longitud, articulado corno el brazo humano, que lanzará y recuperará objetos en el espacio.

Crip, Nick, Sally y John ocupan juntos la misma oficina, a fin de perfeccionar su entrenamiento. La parte más importante es practicar en el simulador, donde ensayan todos y cada uno de los detalles del vuelo y todo aquello que pudiera fallar, en la medida en que ellos y sus entrenadores pueden preverlo. A medida que repasan meticulosamente la lista de comprobación de sistemas se enciende una luz de alarma. ¿Qué pasa si falla un motor? ¿O dos? ¿Al subir? ¿Al volver? (si el vehículo escapa completamente al control por encima de un área poblada, será volado por el personal en tierra). ¿Qué ocurriría, si hubiera un escape del oxígeno de la cabina en órbita? "Entonces vuelves a tierra tan rápido como puedas", dice Crip, riéndose ante la posibilidad.

Además de lanzar satélites de comunicaciones para los Gobiernos indonesio y canadiense, que han alquilado espacio para este viaje, el STS-7 intentará una operación de aproximación, practicando para futuras citas espaciales. Sally y John lanzarán un satélite. Después, Crip separará al Challenger del satélite unos 60 metros, y el vehículo espacial y el satélite recorrerán la misma órbita durante un período de observación. Toda la opeación llevará unas nueve horas.

"Dios mío, no puedo creer que yo vaya a hacer esto. Usted no entiende", dice Sally; "es excitación... Dios mío, no puedo creer que sea yo ..."

En tanto que ingeniera de vuelo, Sally ayudará a controlar la multitud de procesos que constituyen la lista de comprobación, desde un asiento situado detrás de los pilotos (o más bien debajo de ellos, ya que el navío asciende verticalmente y la tripulación estará apoyada sobre sus espaldas.

No es posibles ducharse

A un lado de la zona de la tripulación hay una serie de cajones metálicos etiquetados, como los que existen en la despensa de un avión de línea, que contienen comida, ropa de recambio o artículos personales de aseo. No es posible ducharse en el transbordador, ya que el agua no cae, sino que flota en todas direcciones. La comida y la bebida están deshidratadas en la medida de lo posible y herméticamente envueltas en papel metálico. Los astronautas rehidratarán sus raciones."En realidad", afirma Sally, Ia comida es bastante buena".

Piensa que obtuvo su trabajo en tanto que científico y no como mujer científico. Abbey dice que no se realizó ningún esfuerzo particular para contratar mujeres por razones políticas u otras. (Según se ha informado, los soviéticos realizaron pruebas médicas especiales con su segunda mujer cosmonauta el verano pasado, pero no se ha previsto ninguna prueba especial para Sally.

Las mujeres constituyen ahora el 10% del cuerpo de astronautas.

En julio pasado, en una discreta ceremonia familiar, Sally Ride se casó con su compañero astronauta Steve Hawley, astrónomo y también miembro de la promoción del 78. Seguirá usando su apellido y no proyecta tener hijos.

No está segura de qué va a hacer en el futuro. "Mi único objetivo durante largo tiempo ha sido conseguir subir en un transbordador espacial y no creo que sea apropiado por ahora tener otros objetivos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de mayo de 1983