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Para conseguir el puesto de sepulturero se hizo pasar por ex ministro de Cultura

Fermín Ebanga Mondjili, de 45 años, es un guineano de nacionalidad española que solicitó ocupar la vacante de sepulturero del cementerio municipal de Benicasim, ciudad turística de la costa de Castellón. Los requisitos del concurso no éspecificaban nada al respecto, pero el candidato a sepulturero se presentó en el Ayuntamiento con el aval del prestigio político para tener credibilidad. Dijo haber ocupado la cartera de Cultura en el Gobierno del dictador Francisco Macías.

Es un hombre simpático y recio, que viste con discreción y demuestra un correcto nivel cultural para tener acceso al puesto. Alegó no tener dinero y en el Ayuntamiento le regalaron instancia y pólizas. Otro candidato fue rechazado por no residir en el pueblo. Fermín vive a pocos kilómetros y asegura que se trasladará a Benicasim cuando tenga el trabajo. Con una población cercana a los 5.000 habitantes, esta localidad registra una mortandad anual de treinta fallecimientos. El nombre de Fermín saltó a los medios informativos nacionales, desde la Prensa local, por la sorpresa de que un ex ministro necesitara subsistir con tan inusual ocupación.Sin embargo, después de realizar esta entrevista, un funcionario de la Embajada consultado por EL PAIS aseguró que Fermín mentía, porque no había ocupado el puesto de ministro de Cultura con Macías. El primer secretario de la Embajada, Faustino Nguema, aseguró que los ministros de Macías en esta cartera habían sido José Nsué, Agustín Daniel Grange, Buenaventura Ochanga y Felipe Ondo, sucesivamente. "Este señor, que no conozco, ha dicho una, pura mentira para sobrevivir".El protagonista de esta insólita historia reconoce haber olvidado, a raíz de su actual estancia en Castellón y futuro trabajo estable, las penalidades sufridas anteriormente. Después de la independencia de Guinea Ecuatorial en 1968, Fermín asegura que, por su condición de maestro y conocimiento de lenguas extranjeras, el nuevo primer ministro, Francisco Macías, le dijo que ocupara la cartera de Cultura. "Yo no era político ni lo soy. Le dije que no quería ser ministro, pero me obligó porque, al ser yo más culto que la mayoría, podía hacerlo bien. Cobraba 11.000 pesetas. Yo sólo me consideraba un buen maestro que podía ser ministro, que es una cosa importante".

Pero se enfrenta al dictador al no querer sustituir una imagen de Jesucristo en una procesión por su efigie presidencial. Desde este momento, el cerco de la represión política acosa su vida. "Me dieron una paliza el primer día que me detuvieron. Luego ya no me tocaron". Pierde a su mujer y su hija Clotilde es enviada a la URSS. Muerto el dictador a raíz del golpe de Estado, Fermín inicia una nueva etapa al trabajar de maestro, prácticamente desterrado, en una zona deprimida de Guinea Ecuatorial. No muestra especial preferencia por la ocupación de sepulturero, "pero no tengo otra cosa. Oí por mi transistor que habían solicitado varias yeces personas para hacer este trabajo y no se había presentado, nadie". Enseña la tarjeta de desempleo del Inem, pero en todo lo que va de mes sólo ha trabajado un día, precisamente después de popularizarse su nombre en Castellón. Un naranjero de Villarreal le ha ofrecido seiscientas pesetas por descargar naranjas. Quinientas las ha reinvertido en jugar a las quinielas y las restantes cien, en comprar vino y huevos para los inquilinos de la casa, que le ofrecen mesa y cama. gratuitas. Con ellos comparte las ayudas materiales que también le da Cáritas Diocesana.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de marzo de 1983

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