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Tribuna:TRIBUNA LIBRE

La batalla contra la tortura

JUAN MARIA BANDRESLas medidas prácticas y legislativas del Gobieino contra la tortura no deben hacerse esperar más, según el autor de estas reflexiones, escritas al hilo de la presentación de un libro sobre el tema, obra de Fernando Savater y Gonzalo Martínez Fresneda. La constatación de que la tortura sigue siendo una práctica hoy añade urgencia a una batalla que, de perderse, "no la habrá perdido el PSOE solamente, la habremos perdido, y de una manera definitiva, todos".

Hace unos días se presentó en Madrid el libro que acaban de escribir Fernando Savater y Gonzalo Martínez Fresneda Reflexiones sobre la teoría y presencia de la tortura en España. Como ha informado la Prensa, participamos en la presentación, además de los autores, algunas otras personas de ideología diversa. No vino el representante del Gobierno, que también estaba invitado.Como consecuencia de la presentación se produjo un coloquio en el que se registraron variadas e interesantes intervenciones de los asistentes. El conjunto de todas ellas provocaron en mí, entre otras, las siguientes reflexiones.

En primer lugar, la existencia en Madrid, y también en aquella reunión, de los pintorescos milis de salón -el modo más confortable y, evidentemente, menos peligroso de practicar la lucha armada- cargados de pesimismo político y portadores del importado aforismo cuanto peor, mejor. Avidos de malas-noticias. Deseosos de que nada tenga remedio e impermeables a todo indicio de esperanza.

A ellos parece dirigida la lúcida observación de Jorge Martínez Reverte en su reciente crítica a un libro de Pío Moa: "... una extraña mezcla hija de la ideología estalinista y del mundo represivo del franquismo... Llega a producir un fenómeno que es detectable en amplias zonas de nuestro país: no hay más que mirar al País Vasco. Tal fenómeno consiste en el constante rechazo de la realidad, negando que la misma se esté transformando cuando esa transformación no haya sido conseguida por quienes hacen la valoración".

Se reconoció también en aquel acto que en este país se ha torturado y se sigue torturando y maltratando asiduamente, con normal habitualidad, tanto a detenidos políticos como sociales. Que práctica tan inhumana como vituperable no ha desaparecido ni siquiera después de la asunción del poder por los socialistas. Y fue particularmente impresionante el testimonio de algunos abogados, que a mí me merecen absoluto crédito, que presentaron evidencias recientes con nombres, apellidos y circunstancias de esta lamentable realidad.

Admitimos también algunos que junto a esta constatación aparecen algunos gestos reveladores de la voluntad política de los actuales gobernantes de terminar con tan detestable y extralimitado ejercicio del poder.

Se apreció, igualmente por otros, en torno a la denuncia global de la tortura preconizada por Savater que, si bien es cierto que un secuestro político, por ejemplo, constituye tortura moral, la consideración ética e incluso jurídica es distinta -respecto del comportamiento de quienes se arriesgan desde la ilegalidd en la defensa de sus proyectos políticos y el de quienes utilizan procedimientos y medios expresamente prohibidos por la ley, desde la propia ley que dicen defender, desde la impunidad de su función pública,desde la complicidad consciente o inconsciente de superiores y autoridades y, lo que es el colmo, cobrando su sueldo del Presupuesto General del Estado.

El PSOE, el Gobierno en definitiva, hizo mal en imitar a UCD no acudiendo a actos como este para explicar claramente cuál es su filosofía sobre la cuestión y cuáles son sus propósitos. En esta ocasión, perdió una gran oportunidad.

Pero estamos a tiempo todavía. No han pasado los clásicos cien días de gracia que se conceden a los Gobiernos democráticamente elegidos. El Gobierno del partido que en la etapa anterior votó la ley Antiterrorista, la ley que Iegaliza" lo "plenamente injustificable" tiene que explicar lo que piensa hacer, pero, sobre todo, tiene que hacer;

En el terreno práctico, inexorablemente tiene -que suspender a todo funcionario sospechoso razonablemente de torturar, o de maltratar. Aquí no caben coartadas, justificación o excusas.

En el terreno legislativo, tiene, por un lado, que derogar todas las leyes que hacen posible la tortura -leyes, como la antiterrorista, concebidas en realidad como licencia para torturar-; y tiene que promover aquellas otras leyes que hagan imposible su práctica: habeas corpus, limitación y garantía de la incomunicación, desaparición del anonimato de los funcionarios policiales, asistencia letrada obligatoria al detenido, eliminación del privilegio procesal de los policías, etcétera.

Le quedan pocos días al Gobierno para que podamos seguir creyendo en su buena fe. Pero hay que hacer una advertencia. Esta no es la batalla del Gobierno solamente. Esta es la batalla de todos. Todos estamos obligados a trabajar y luchar para que desaparezca de entre nosotros la abominable tortura.

Todos tenemos mucho que perder en esta batalla, que si no se gana ahora no se ganará nunca. No la habrá perdido el PSOE solamente, la habremos perdido, y de una manera definitiva, todos, porque aquí todos somos potenciales torturadores o torturados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de febrero de 1983