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Partido de transistor

Ser del Español es un acto de fe. Desde Madrid, durante mucho tiempo, incluso se vio como un acto de servicio. Santiago Bernabéu, de quien decían sus testigos que impartía su sabiduría por medio de parábolas, Regó a decir, antes de que estallara el caso Matesa, que admiraba a Vilá Reyes porque en Barcelona presidía un club llamado Español. El sino del españolista de buena fe es el sufrimiento y hasta la afrenta. Está condenado a ser el otro y, como en la copla, a no tener ningún derecho.Para el perico no hay otra salida que la de los antiguos segundones; la revancha por medio de la aventura. Ganar al Barça es un proyecto tan ambicioso como el de ganar la Liga. Al menos, el triunfo ante el equipo del Camp Nou no es una utopía. En un mundo tan lleno de suspicacias como el del fútbol hay una que jamás podrá darse: la de que el Español favorezca al Barça para que se proclame campeón. Es un pacto imposible.

El Español-Barça va a ser el encuentro del transistor en la jornada de hoy. Para madridistas y bilbaínos, porque les va mucho en el envite. Para el resto del personal, porque el partido tiene un morbo natural. Una derrota no sería para el Barcelona el final de etapa. Al Español, además de que le acercaría a esa legítima aspiración de jugar la Copa de la UEFA, le permitiría, al menos durante una semana, presumir de su marginación. Para el Barça, no hay más reto que el que le impone su propia condición de aspirante al título.

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