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El fracaso de la OPEP

(...) En esta situación existe el peligro complementario de que se agudicen las dos corrientes políticas opuestas. Por una parte, existen diferencias entre los productores árabes y africanos, y en el mismo sentido, todos los países árabes, frente a los Estados africanos. Entre los segundos puede acentuarse el duelo entre los moderados y los extremistas en el Oriente Próximo. Sobre la base de los últimos acontecimientos se llega a la conclusión de que el tiempo no juega a favor de los moderados. Arabia Saudita y los países del golfo Pérsico han asistido pasivamente al conflicto de Líbano, echando una mirada triste a Israel y Occidente, pero sin hacer nada. La guerra entre Irán e Irak puede ofrecer la ocasión de apoyar discreta, pero indirectamente, a un país islámico, pero no árabe, contribuyendo a la caída del presidente Saddam Hulsein., 26 de enero

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