Un sofista
Pablo Porta es el mejor de los sofistas que ha producido el deporte español. La última de sus filosóficas intervenciones públicas le ha servido para afirmar que el fútbol es el único negocio que no cierra empresas. Si la opinión pública creyera a pies juntillas en lo que dice el presidente de la Federación Española de Fútbol, llegaría a la conclusión de que nuestro balompié tiene sus constantes vitales en perfecto estado. Desgraciadamente, el diagnóstico es erróneo. El fútbol español está atacado por un cáncer cuya metástasis resulta ya inconmensurable.Porta disfruta con las verdades a medias. Sobre todo cuando delante tiene pacíficos oyentes dispuestos a escucharle y sin la menor intención de réplica. Que yo recuerde, el Almería ya no existe. Cerró el negocio un año después de jugar en Primera División. Si no me falla la memoria, Levante, Burgos, Zamora y Getafe perdieron una categoría por no haber satisfecho sus deudas. Que yo sepa, entre los grandes clubes hay déficit por encima de los quinientos millones de pesetas. Alguno, incluso, está en los lindes del doble.
Porta ha olvidado que ha sido la propia Federación la que ha evitado algunos casos de cierre del negocio con el dinero del erario público. Pretender ofrecer una imagen optimista de la organización futbolística española es simplemente un rasgo de humor negro.


























































