Condena por blasfemia
Leí el pasado día 21 de los corrientes, en este periódico, la noticia de que había ingresado en prisión El Cabrero por el delito de blasfemia. Me produjo y me sigue produciendo estupor e indignación. No sólo por el hecho de que en estos tiempos le puedan meter a uno preso por blasfemar (me recuerda a los tiempos de la Inquisición), sino por el verdadero fondo que tiene esta condena.He tenido la ocasión de conocer personalmente a José Domínguez, El Cabrero, el mes pasado y de comprobar que es una persona que ante todo no se casa ni hace el juego a ninguno de los múltiples caciques que campan por las tierras andaluzas, ni con su actitud personal ni con sus canciones. No es precisamente un cantaor de salones de señoritos que acuda a sus cortijos a deleitarles por el bajo precio de una merienda, una copa y una palmada en la espalda.
No, El Cabrero vive de su trabajo (las cabras y el cante) y además combate con él las injusticias sociales.
Me temo que, por lo expuesto anteriormente, le han condenado aprovechándose del pretexto,que les dan unas leyes caducas e injustas; tan injustas como quienes las aplican, en este caso. /


























































