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La Unión Soviética continúa invicta

El frasco de las esencias baloncestísticas yugoslavas es el de mejor calidad pero se queda pequeña, se agota enseguida y no puede perfumar un partido entero, porque gota a gota se va agotando. Entonces surge un perfume más basto pero que riega la cancha entera y arrasa. Es la ley del juego y el baloncesto no iba a ser una excepción. No obstante, a Zeravica y sus muchachos, no tan muchachos ya, les dio tiempo a volver a llenar el frasco y casi eclipsan el escaso perfume de su rival, que ganó con toda justicia el duelo titánico que ambos equipos brindaron en el coliseo del pueblo de Cali.Fueron cuarenta minutos bonitos, duros, emocionantes y, a veces, de mucha calidad. Un gran partido. Los diez primeros minutos de los yugoslavos levantaron al público de los asientos y fueron de los de quitarse el sombrero. El marcador lo quiso reflejar con un 20- 10 a los siete minutos y un 28-14 tres minutos más tarde. Allí sólo había un equipo que se burló de los muchos centímetros de su rival y que hizo un baloncesto fácil, preciso y precioso con Kicanovic, una vez más, en líder y monstruo del parqué, que arrancó las mayores ovaciones del torneo. El jugador yugoslavo más joven de los que habitualmente actúan tiene veinticinco años y Delibasic, Kicanovic y Dalipagic tienen 28, 29 y 31 años, respectivamente. Por si fuera poco juegan fuera de su país durante la temporada y están sobrecargados de partidos. Esto explica su cansancio. Los soviéticos no son unos niños pero muestran una preparación física muy superior.

La reacción soviética vino de la mano del cansancio yugoslavo y a los dieciocho minutos el marcador señalaba un 42-38 tan sólo. La amenaza estaba ahí, no dio tiempo a que el marcador diera la vuelta. antes del descanso pero se veía venir. Así ocurrió; la máquina soviética se puso en marcha y no hubo forma de que la parasen. Poco a poco fue adquiriendo ventaja en el marcador y a falta de cuatro minutos vencía por 91-78. Cuando nadie lo esperaba, y en medio del delirio del público, una última reacción del conjunto de Zeravica puso un 93-88 cuando todavía faltaban dos minutos. Vino poco después el incidente ya reseñado, y en el momento de la expulsión había un 88-95. Yugoslavia no arrojó, en contra de lo que se esperaba, la toalla. Delibasic y Dalipagic estaban agotados en el banquillo pero los yugoslavos pusieron bravura hasta el final, quizá indignados por las últimas decisiones arbitrales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 25 de agosto de 1982

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