Reportaje:

La vida cotidiana en las cárceles de JaruzeIski

Algunos disfrutan de cierto trato de favor y los más tratan de sobrevivir en cárceles ordinarias. Son los dos mil presos políticos del régimen militar polaco

El régimen implantado el 13 de diciembre por el general Jaruzelski ha sido definido por el periodista polaco Stefan Bratowski como "fascismo con rostro humano". El profesor universitario Wojciech Lamentowiz cree que en Polonia las autoridades no son tan crueles como en otras dictaduras y además ni siquiera el sistema represivo funciona bien.Los testimonios sobre los campos de internamiento reproducen el esquema de una sociedad de clases. Los intelectuales más destacados están internados en el campo de Jaworze, en las instalaciones de un centro de reposo para oficiales del Ejército. Los trabajadores están en cárceles ordinarias, mezclados a veces con presos comunes.

En su casa de Varsovia, el periodista, que lleva la insignia de Solidaridad en la solapa, advierte contra el peligro de generalizar sobre su condición de internado privilegiado, "digamos que yo estuve sólo en el primer círculo del infierno, no hay que dejarse engañar por las apariencias". Bartoszewski, veterano de muchas luchas políticas y con años de cárcel encima, considera exagerado hablar de "primer círculo del infierno".

El periodista estuvo diez días en Bialoleka y después pasó con los intelectuales a Jaworze. "Me llevaron en helicóptero y así tuve ocasión de montar por primera vez en uno de ellos". En un espacio de unos 12 metros cuadrados había seis personas, con los retretes dentro de la celda. El agua no llegaba hasta aquel piso y sólo una vez al día recibían cubos de agua fría -"por supuesto olía muy mal"-. Faltaban artículos de limpieza y los colchones estaban asquerosos".

Las celdas eran muy frías, con temperaturas que bajaban por aquellos días a los quince grados bajo cero. El ingeniero explica, que "había hielo dentro de la celda; si la ventana estaba cerrada, no se podía respirar, pero si se abría, los de arriba se helaban".

Desde el primer momento, el ánimo de los internados era muy combativo. "Ya el domingo 14 de diciembre empezaron las presiones y protestas. Golpeábamos las puertas y exigíamos la presencia del director, nos negábamos a cumplir el reglamento y nos quedábamos todo el día en la cama. Pasó por allí el subdirector, que dijo que era psicólogo universitario y se mostró dispuesto a arreglar todo, pero no podía consentir que se pasease y se abriesen las celdas para visitarnos unos a otros".

Una atmósfera de terror

En Bialoleka hubo un momento de temor, cuando los internados fueron trasladados de las celdas a unas barracas. "Abrieron las celdas y vimos a dos gladiadores, dos zomos (unidades especiales de la policía) armados hasta los dientes con pistolas, cascos y todo. Los zomos habían formado un pasillo y había perros en cada piso. Todos pensamos que nos iban a hacer pasar por entre los policías y nos golpearían, pero sólo se trataba de crear una atmósfera de terror".

El ingeniero, dirigente regional de Solidaridad, permaneció hasta su liberación en Bialoleka y explica que la comida era fatal, "estaba fría y la calentábamos con el agua de los radiadores de la calefacción, que olía muy mal, pero calentaba algo. Una vez a la semana era incomestible: casi nada de carne. Sólo la grasa, café sin azúcar, los domingos con azúcar, era una especie de malta, el pan era bueno".

La asistencia sanitaria era también deficiente. "Casi todo lo curaban con aspirinas, tenían pocas medicinas y pocas vitaminas. Dos veces al mes nos daban la lista con las cosas que podíamos comprar: papel para cartas, cigarrillos, sellos, medio kilo de azúcar, conservas y, a veces, fruta. La ayuda, no sólo de la Iglesia, sino de toda la población de Varsovia, fue muy importante".

Las familias visitaban a los presos. En una ocasión un guardián quitó un paquete de chocolate a un internado, quien dijo a su hijo que estaba presente: "Fíjate bien y date cuenta de cómo se portan los comunistas". La presencia de la Iglesia hizo que las misas fuesen muy concurridas. "Los curan nos ayudaban y tenían gran influencia para animarnos. Gracias a su actividad, hubo muchos casos de gente no practicante que empezaron a practicar y alguno hasta recibió la confirmación".

El ingeniero cuenta que, frecuentemente, durante la misa los guardianes aprovechaban para registrar las celdas y hubo algunos robos. "En una ocasión profanaron los vasos sagrados, que estaban en una celda para la misa".

Prensa clandestina

En la cárcel de Bialoleka circula toda una prensa clandestina, escrita a mano por los presos. Uno de los periódicos se llama Registro Cotidiano, título que alude a los frecuentes registros efectuados por los carceleros. Otro periódico se llama A caballo por el Mundo, que tiene ese nombre por la forma en que se pasa de celda a celda, "montado sobre un palo".

Entre los internados hay discusiones políticas. Uno de los temas más debatidos últimamente es la diferencia de posturas entre el asesor de Solidaridad y dirigente del disuelto Comité de Autodefensa Social (KOR), Jacek Kuron, y el líder del sindicato en la clandestinidad Zbigniew Bujak. Las diferentes concepciones sobre la línea que debe seguir el sindicato hace que unos internados tomen partido por las propuestas de Kuron y otros por las de Bujak.

El ingeniero cuenta que en algunas celdas de Bialoleka había ratas. "En la mía estaban debajo del piso y hacían tanto ruido, que no se podía dormir. Antes de la primera visita de la Cruz Roja Internacional, nos cambiaron por primera vez la ropa de cama. Los colchones estaban tan sucios, que no se puede describir su estado. Eran una mierda incómoda",

Antes de la segunda visita de la Cruz Roja, "los compañeros mataron cuatro ratas y las guardaron detrás de la ventana para enseñarlas. Los carceleros dijeron que ellos mismos las enseñarían".

El ingeniero denuncia que entre los internados habían sido introducidos también algunos presos comunes para desprestigiar a Solidaridad. "Lo denunciamos a la Cruz Roja y no lo entendieron, pero se dieron cuenta en cuanto les dijimos que entre los que se exiliasen podían salir algunos presos comunes. Entonces lo comprendieron".

Algunos intelectuales, como el periodista y el catedrático Bartoszwski, pasaron diez días en Bialoleka y luego fueron trasladados a Jaworze, al lado de un lago y junto a un bosque. "Curiosamente, en un lugar vecino estaban también internados los dirigentes comunistas de los años setenta, Gierek y los suyos".

El periodista de Solidaridad explica que las condiciones eran excelentes, tres en cada habitación, camas cómodas y con buena ropa, agua fría y caliente, duchas en los pasillos. Las habitaciones estaban abiertas todo el día y se podía pasear libremente de nueve a dos y de tres a cuatro de la tarde. Los internados podían escuchar la radio, pero el jefe de campo dió orden de que se quitase la onda donde se podía escuchar Radio Europa Libre.

La comida era servida por soldados en un comedor, donde había incluso manteles blancos y servilletas. Los soldados eran reclutas normales, que nunca habían hecho funciones de policía. "Habían sido movilizados y el 80% pertenecían a Solidaridad. Muchos decían en broma que "los de Solidaridad vigilan a Solidaridad". Hacían chistes sobre el consejo militar y los contaban a los internados".

El periodista cuenta que los soldados les advertían de las inspecciones inesperadas. "Los funcionarios eran unos auténticos perros, que controlaban de verdad y escuchaban las conversaciones de las visitas".

El caso Mazowiecki

La situación en Jaworte la describe el periodista "como aquella película de Buñuel, El ángel exterminador, con todos encerrados en una habitación y nadie se decide o se atreve a salir. En los paseos le pregunté a los soldados que harían si intentábamos escapar y respondieron que haría la vista gorda". Por su larga experiencia carcelaria, los internados de Jaworce eligieron a Bartoszewski como su comandante de campo. En Jaworce cumplió el profesor sesenta años. En el mismo campo está todavía internado, no fue puesto en libertad, Ladeusz Mazowiecki, un intelectual católico que dirigió el semanario Solidaridad, órgano oficial del sindicato independiente que se publicaba a escala nacional. En los primeros días de la intervención militar, se difundió en la Prensa occidental que Mazowiecki había muerto y en muchos periódicos se publicó su nota necrológica.

El profesor Baroszewski explica que él mismo dio a Mazowiecki la noticia de su "muerte". Mazowiecki pasó una situación muy mala, cuando fue trasladado desde el lugar donde estuvo detenido por primera vez hasta el campo de Jaworce.

El periodista subraya que a Mazowiecki "le sacaron y le dijeron que le iban a llevar a casa, le metieron en un coche Volga de fabricación soviética y le llevaron a través de carreteras heladas y desiertas. Le amenazaron con matarle, si intentaba escapar. El, al pasar por aquellas zonas despobladas, estaba convencido de que lo llevaban a la Unión Soviética".

Bartoszewski explica que Mazowiecki creyó que lo iban a matar, pero llegó a Jaworce en la oscuridad y le dejaron dormir allí sin decirle dónde estaba. A la mañana siguiente, dice Bartoszewski, "Tadeusz lloraba al vernos. Le besamos y entonces le dí la noticia de su muerte". Mazowiecki se inquietó, porque sus hijos sufrirían al recibir la noticia.

Bartoszewski y el periodista están convencidos que la noticia de la muerte de Mazowiecki fue una clara maniobra de desinformación por parte de los servicios secretos polacos, para desprestigiar a los medios de prensa occidentales y poder dejarlos ante la opinión pública polaca como mentirosos. La noticia se propagó especialmente en Francia.

Los servicios secretos

En los campos de internamiento la moral es alta y el ambiente entre los presos, bueno. El periodista destaca que "no hubo desánimo, al contrario, todos estaban muy combativos. En Jaworce florecía la vida intelectual y hablábamos de la universidad de Jaworze, con dos conferencias diarias sobre temas políticos, los orígenes del mundo o la vida de los animales, representábamos teatro de Mickiewicz, había un coro. En una palabra, no nos quejábamos de aburrimiento".

En Bialoleka se desarrolló una auténtica furia impresora. A base de sellos se imprime el emblema de Solidaridad, eslóganes contra el consejo militar o alusiones a la situación actual polaca. Uno de los productos más curiosos es el billete llamado jaruzel o también el rublo tarwowica, que lleva un dibujo de Jaruzelski por una cara y por el dorso un letrero con la frase "Pan, trabajo y socialismo". Targowica es en Polonia el símbolo de la traición a la patria y de la entrega del país a Rusia, a fines del siglo XVIII. La palabra se utiliza para acusar a alguien de traición. En Bialoleka los servicios secretos SB tenían sus horas de oficina, en las que llamaban a declarar a algunos de los internados, que con frecuencia se niegan a acudir a las convocatorias. El SB en Bialoleka tenían amplias fichas de los internados, con datos desde mucho tiempo antes del 13 de diciembre, los artículos publicados, etcétera.

Casi nadie firmó las declaraciones de lealtad exigidas por los servicios secretos y la policía. El periodista liberado explica que "si alguno se niega a hacerlo, las presiones no son muy fuertes para obligar a firmar, salvo en los casos en que se dan cuenta de que la persona está desanimada, a punto de hundirse. A estas personas se les ofrecía colaboración".

El ingeniero dice que el SB actuó desde el primer día. "No usan la fuerza física, sino el mal trato psicológico. Actúan un oficial de paisano y uno de los servicios secretos. Durante los interrogatorios querían saber los datos personales y familiares. Decían que Solidaridad tenían escondidas armas y que querían matar a los comunistas. También decían que las autoridades militares pueden cambiar sus decisiones cuando quieran y hay que aprovechar la ocasión ahora que son más liberales, porque luego no se sabe lo que podrá ocurrir".

Las autoridades se apuntaron un tanto al conseguir la colaboración del líder de Solidaridad Rural, el joven Jan Kulaj, el Walesa de los agricultores, que apareció en la Televisión dispuesto a colaborar con el régimen en las firmas del Partido Agrario y olvidarse del sindicato independiente de agricultores.

El periodista de Solidaridad opina que el caso Kulaj representa "el final de un largo proceso de compra de este chico, que se había iniciado bastante antes del 13 de diciembre. Kulaj cayó bajo la influencia de un periodista que le influyó para proporcionarle una especie de dolce vita a base de chicas, locales de lujo y dinero. Le internaron aislado y parece que le pasaron una amplia documentación de todo lo que había hecho. Hay testimonios de que le emborracharon varias veces. Su padre lo confirmó, pero no pudo verlo en varios meses. A base de chantaje y ofertas de hacer carrera consiguieron quebrantarle. Se trata de un chico de sólo veintitrés años".

La táctica del aislamiento la siguen las autoridades también con Lech Walesa pero el periodista de Solidaridad no teme que el presidente del sindicato siga un camino similar a Kulaj, "porque Walesa, en contra de lo que se decía, desde el congreso de Solidaridad es una persona muy dura. Aunque él recomendaba a Solidaridad el compromiso, esto no se debía a falta de carácter. Le conozco desde la huelga de agosto y nunca dudé de que era un hombre muy duro y no conseguirán quebrantarle".

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0008, 08 de mayo de 1982.

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