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Editorial:

Irlanda inestable

MINORITARIO ERA el Gobierno de Irlanda formado -en las elecciones de hace ocho meses; minoritario será el que se forme con estas elecciones de ahora, sea de nuevo encargado al primer ministro actual -Garret Fitzgerald, del Fine Gael, en coalición con los laboristas-, sea la oposición la que produzca el nuevo primer ministro -Charles J. Haughey, del Fianna Fail-; en realidad, dos partidos conservadores y, al mismo tiempo, enemigos. Los votos indican mayor posibilidad de Haughey, a condición de que encuentre alianzas suficientes: son ahora los pequeños partidos, los candidatos independientes elegidos, los que pueden sostener o derrocar una mayoría. Haughey representa una mayor energía, un nacionalismo rígido partidario de la reunificación de Irlanda por la inclusión del Ulster irredento en la República -objetivo también declarado por su rival-; siendo ministro de Finanzas hacia 1970, fue acusado de haber comprado armas en el extranjero para facilitárselas al Ejército Republicarto Irlandés (IRA); se le encarceló y se le absolvió, y este escándalo no sólo no perjudicó su carrera política, sino que le consolidó en un país crispado y tenso desde muche antes de la independencia -prácticamente durante siglos- y enardecido por la cuestión del Ulster. De fortuna personal abundante, tiene las características del hombre de negocios que parece necesitar Irlanda, que en estos momentos tiene una deuda exterior de 10.000 millones de libras irlandesas -unos 149.000 millones de pesetas-, un paro del 13% de la población laboral y una inflación anual del 23%; las cuestiones económicas y financieras fueron la causa de la caída del Gobierno, la disolución del Dail -Parlamento- y las elecciones generales, porque el presupuesto de Fitzgerald no fue aceptado.El Fianna Faíl de Haughey ha ganado 81 escaños y queda a tres de la mayoría absoluta (84); el Fine Galel obtiene 63, más los 15 laboristas darían 78 escaños. Cualquiera de los dos necesitará de la ayuda de los menores -el Sinn Fein, que tiene tres escaños, o el Partido Republicano Socialista- para mantener el Giobierno. Un Gobierno que trata de hacer cara a la angustia presupuestaria, a la pobreza endémica, a las confusiones ideológicas de un país con una guerra de independencia tan dura y tan próxima -y, para muchos, sin concluir por la cuestión del Ulster- y a la necesidad de unas relaciones especiales con el Reino Unido. No parece que la estabilidad de Irlanda vaya a ser mejor con este Parlamento, que se reunirá el 9 de marzo, que con las situaciones anteriores.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 23 de febrero de 1982