Seguirá habiendo diferencias sexuales tras la muerte, dice el papa Wojtyla

Juan Pablo II ha vuelto a levantar una polvareda semejante a la de meses atrás, cuando afirmó que era pecado incluso «desear con concupiscencia a la propia mujer». En su discurso del miércoles, el Papa dijo que en la otra vida no existirá ni el matrimonio ni la procreación, que el hombre y la mujer conservarán sus órganos sexuales pero que no los usarán. En realidad, se trata de palabras que se encuentran ya en el evangelio de Marcos y que el Papa cita: «Cuando resucitemos de los muertos ya no habrá ni mujer ni marido». Juan Pablo II insiste mucho en que el matrimonio es sólo una cosa de «esta tierra», que está destinado a la «procreación» y que en la otra vida «pierde su razon de ser».El Papa, hablando de la resurrección de la carne, afirma que en la otra vida «los cuerpos humanos, recuperados y renovados, mantendrán sus peculiaridades masculinas y femeninas», pero que en el otro mundo «el poseer un cuerpo de varón o de hembra será entendido en una manera diversa».
Sin embargo, Juan Pablo II se sitúa en la línea progresista de la teología, atenta a mantener las características de los cuerpos mortales. Así lo afirmó el Papa: «Resurrección significa restitución a la verdadera vida de la corporeidad humana que había sido sometida a la muerte en su fase temporal».
Como afirmó ayer un teólogo, que intervenía en un programa de radio que tenía por tema las palabras del Papa: «A Juan Pablo II le faltó sólo decir que en la otra vida la actividad sexual será distinta que en la tierra. Será mejor, más perfecta. Quizá de otro modo, en otra dimensión, pero existirá. No lo dice claramente, pero lo deja entender. Aquí, esta vez, el papa Wojtyla es más bien progresista. No le gusta imaginarse a los hombres y mujeres resucitados como puros ángeles sin sexo».


























































