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Londres se engalana para la boda de Carlos y Diana

Londres se decora con los colores de la bandera británica -rojo, azul y blanco y con los retratos del príncipe Carlos y de ladi Diana Spencer. A pesar de los avatares de política internacional -y en algunos casos nacional-, los preparativos para esta boda británica y popular siguen adelante. No obstante, a Londres acudirán en esta ocasión menos turistas extranjeros

La industria turística está decepcionada, y aún se puede encontrar cori cierta facilidad alojamiento en hoteles londinenses para el 28 y 29 de julio. Se espera que tan solo un cuarto de millón de turistas extranjeros presencie en la capital británica la boda de la década.Algunos comentaristas apuntan a causas como la reciente ola de violencia en el país o el alto coste de la vida -especialmente el alojamiento y los transportes, agravado por el valor de la libra frente a otras divisas-, pero la razón principal parece ser la televisión.

Todavía se puede pasar un día original en Londres: el 29 de julio. Por citar un ejemplo, el Strand Palace Hotel, situado en la ruta de los cortejos reales, ofrece por 32.000 o.45.000 pesetas un desayuno con champaña, con la graciosa escolta de las camareras del hotel ataviadas con trajes británicos típicos (los gerentes irán con frac y sombrero de copa). Luego, desde las habitaciones que dan a la calle, se podrá ver pasar los cortejos y seguir la ceremonia por televisión. En la habitación, naturalmente, habrá aperitivos y más champaña. Cuando pasen los novios, desde el hotel se tirarán pétalos de rosas y se soltarán cientos de palomas.

En estos tiempos de recesión económica y recortes presupuestarios, con un paro que se acerca a los tres millones, esta esplendorosa boda podría resultar impopular, pero este no es el caso. En el metro, la gente se tira sobre las noticias que sobre la boda publican todos los días los periódicos. Mucha gente espera que, a pesar detodos los problemas -incluido el terrorismo norirlandés-, una boda así se pueda desarrollar sin incidentes.

Un reciente sondeo del diario The Guardian indicaba que dos de cada tres personas piensan que el dinero gastado en esta boda está justificado, aunque esta proporción baja entre la gente joven.

Un portavoz del palacio de Buckingham ha señalado que tan sólo diez millones de pesetas de los gastos de esta boda saldrán del erario público. El resto vendrá di rectamente de la familia real británica y, en mucha menor medida de la de los Spencer. Frente a pa lacio se han plantado en el último mes unos 14.000 geranios. Para el Dady Mail, la boda costará unos cien millones de pesetas, diez millones más de lo que calcula The Times. De esta cantidad, un 10% lo pagará el Ministerio del Medio Ambiente, mientras que el Ayuntamiento de la ciudad de Westminster desembolsará tres veces más para decoraciones y para la limpieza de las calles, antes y, sobre todo, después de la boda.

Parte de este dinero se recuperará con los precios de los asientos en las tribunas.

El coste del polémico viaje de novios en el yate Britannia vendrá a salir, para dos semanas, por unos dieciocho millones de pesetas.

Se casa un príncipe, el heredero de la corona británica, por lo que la boda trata también de encontrar una sucesión directa a este trono. La novia, que lleva muchas veces pantalones, no es una princesa, a pesar de los muchos antepasados que se le han buscado. Pero es británica, y en esta boda se insiste en lo británico. Toda la música durante la ceremonia en la catedral de San Pablo es de este país.

El estandarte heráldico del príncipe de Gales no tiene, sin embargo, ninguna divisa en inglés, sino una en francés (Honis y soit qui mal y pense), de la corona británica, y otra en alemán (Ich dien, yo sirvo), especial del príncipe de Gales, frase que, según algunos historiadores, pronunció el rey de Bohemia Juan el Ciego antes de morir en la batalla de Crecy (1346), una victoria de los ingleses sobre Francia, en la que, por cierto, se destacó un antepasado del príncipe de Gales: el Príncipe Negro. El estandarte heráldico del príncipe de Gales, tal como ha sido impreso en el programa oficial de la boda, ha sufrido una pequeña modificación: el león y el unicornio que sujetan la corona llevan ahora su sexo masculino claramente erecto. Una innovación de la que se han felicitado los miembros de la campaña nacional para la reforma de la ley de Publicaciones Obscenas.

La seda para el vestido y el velo de la novia también es inglesa.

Más información en páginas 15 y 44

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 25 de julio de 1981

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